viernes, 12 de agosto de 2011

Usted (ya no) tiene un correo

En medio de las turbulencias que atraviesa Estados Unidos en estos años, uno de los servicios públicos más afectados y en mayor riesgo es el postal, habiendo acumulado un déficit de 20 000 millones de dólares en cuatro años fiscales (8.5 solo en el último).

Foto: zimbio.com
En una nota enviada hace poco a los más de 563 000 empleados del servicio postal de Estados Unidos (USPS), se les informó que en los próximos cuatro años se espera recortar la fuerza laboral en 220 000 puestos. Esto se suma a un anuncio anterior de que se cerrarían 3 700 oficinas en todo el país y que todos los trabajadores y 600 000 retirados serían trasladados del sistema de salud actual a uno más barato. Entre otras medidas.

Lógicamente, estas drásticas soluciones (para muchos solo temporales) necesitarán ser aprobadas por el Congreso y demandarán que se rompan acuerdos laborales previos, lo cual no es nada fácil.

Además de los serios problemas que traerían estas decisiones, hay uno adicional: la opinión pública. A la gente que usa este servicio no le gustará que su oficina local de correos sea cerrada. En algunos pueblos la oficina postal es casi el único símbolo visible de su patriotismo y tradición, además de ser su más significativo enlace con las grandes ciudades y el resto del mundo.

Pero, los dolores de cabeza no terminan ahí. Cerrar casi el 10 % de las 31 900 oficinas postales rompería una cadena de eficiencia que permite que los envíos no demoren más de seis días en llegar a su destino.

Estas son solo algunas de las preocupaciones que surgen en torno al problema.

Foto: infobarrel.com
Es fácil para cualquiera deducir lo que ha llevado las cosas a este extremo: el correo electrónico y sus variantes sociales y móviles (el SMS, la mensajería instantánea, el chat, Facebook, Twitter, etc.) han destruido este modelo de negocio y algunos piensan que ni tan drásticas medidas lo salvarán. Hay quienes afirman que lo mejor es cerrar lo antes posible y confían en que las dos empresas privadas de mensajería más grandes del país, UPS y FedEx, podrían acoger a la mayoría, si no a todos los desempleados, y hacerse cargo de manejar la red. Ello, claro está, con la desaparición de ciertos beneficios para el usuario, como el correo de primera clase (de 44 centavos), entre otros.

En la otra orilla están quienes afirman que no se puede cerrar el servicio y que aún con esos niveles de gasto el ya golpeado aparato económico estatal estadounidense tendrá que cargar con el problema por muchos años más. Y eso significa, evidentemente, que los contribuyentes tendrán que pagar por él.

La discusión se centra hoy en buscar formas creativas para rescatar en la medida de lo posible este inmenso negocio que aún es un símbolo de la tradición y el espíritu americano para millones de habitantes de ese país y una fuente de trabajo para cientos de miles de familias.

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El autor

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No me gusta mi nombre. Quienes me conocen me dicen JEES.

Fui director de la revista de primaria de mi colegio, entrevisté a un futuro dos veces expresidente del Perú a los doce años y me metí en mi primer lío (serio) por escribir lo que pensaba en cuarto de secundaria.

Saliendo del colegio ingresé a la Facultad de Teología porque quería ser sacerdote, pero me curé a tiempo. Luego estudié filosofías orientales y terminé recibiendo iniciación brahmínica en la India en 1994.

Fue ahí donde un sadhu leyó mi carta astral y me dijo: "veo comunicación, comunicación, comunicación". No fue una sorpresa.

Me gradué de publicista, me dediqué principalmente al Periodismo, soy todo lo contrario a un relacionista público y tomo muy malas fotos pero mi sueño es ser fotógrafo. Por eso prefiero decir que soy comunicador.

Entender el internet, las herramientas digitales y las redes sociales se me hace misteriosamente sencillo, así que decidí dedicarme a solucionarle la vida a quienes se les complica con la modernidad.

Enseño hace casi veinticinco años. Hace cuatro en la Universidad Inca Garcilaso de la Vega y hace uno en el Instituto San Ignacio (ISIL).

El número 3 y sus múltiplos me persiguen. Por eso blogueo de tres maneras: 
  • Opino aquí.
  • Cuando me inspiro, publico aquí.
  • Si sobra algo, está aquí
Aunque Facebook no me quiere, algunos de sus usuarios sí.