viernes, 20 de enero de 2017

La fiscal, su hermana misionera y el Sodalicio

Fiscal María del Pilar Peralta Ramírez interrogó a Figari en Roma (foto: difusión)

Ya todos conocemos a María del Pilar Peralta Ramírez, la fiscal que investigó a Luis Fernando Figari y otros miembros del Sodalicio acusados de cometer los delitos de abuso sexual de menores, asociación ilícita para delinquir, secuestro y lesiones graves. Y no la conocemos precisamente porque llevara adelante una investigación seria, sino porque el lunes archivó la denuncia usando argumentos que gran parte de la población ha rechazado y que han provocado indignación por la sensación de impunidad que deja. En una columna que publiqué hace dos días en Perú21.pe conté algunos detalles de mi experiencia con la fiscal e incluí mis reacciones a su cuestionada decisión.

Ahí cuento que ella habló de una pariente suya que era misionera. En ese momento me pareció una simple anécdota familiar, pero nuevos datos abren sospechas dignas de atención.

La pariente

La fiscal María del Pilar Peralta Ramírez, titular de la 26° Fiscalía Provincial Penal de Lima, tiene una hermana que pertenece a los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús (MCCJ), "congregación religiosa, esencialmente misionera, internacional, presentes en cuatro continentes", según su web oficial de España.

Rosa Peralta Ramírez es una "limeña enamorada de Jesús que se consume en la llama de ese amor tan grande por el prójimo", según el blog Prensa Franciscana del Perú. Y pertenece a la congregación hace casi treinta años.

ACI Prensa y el misionero comboniano

ACI Prensa es la agencia de noticias del Sodalicio. En su web narran así su nacimiento: "Fue fundada el 13 de marzo de 1980 por el misionero comboniano alemán Adalberto María Mohn (+1987), quien estableció un directorio compuesto por laicos católicos. Su director es Alejandro Bermúdez Rosell", un antiguo y muy activo sodálite, como lo reconoce aciprensa.com: "La sociedad de vida apostólica [Sodalicio de Vida Cristiana] fundada en el Perú –a la que pertenece el director de ACI Prensa, Alejandro Bermúdez (...)".
Alejandro Bermúdez,
sodálite y director de ACI Prensa

No habría nada de malo en que su fundador sea un misionero y tampoco que fuera comboniano. Al fin y al cabo, ACI se fundó como un proyecto católico. Sin embargo, cuando fui miembro del Sodalicio nos contaron ahí dentro que poner al comboniano como fundador fue una jugada de Luis Fernando Figari para darle seriedad y una supuesta independencia a la agencia de informaciones que, en realidad, fundó él. Recordemos que el Sodalicio recién recibe la aprobación de la Iglesia el 8 de julio de 1997, de manos de Juan Pablo II.

El exsodálite Martín Scheuch corrobora esto en su blog, en una publicación del 2014 titulada SODALICIO Y ACI PRENSA: REVELACIONES DE UN INSIDER:

"ACI Prensa nació en 1980 como un proyecto sodálite bajo el nombre de ACI (Agencia Católica de Informaciones), siendo su primer director Alfredo Garland Barrón, un sodálite (...). Claro que la figura fue otra. ACI fue presentada desde el principio como una agencia independiente fundada por el P. Adalberto Maria Mohn, misionero comboniano, amigo de Figari y Garland, quien había conseguido el apoyo económico para dar inicio a este proyecto. Lo cierto es que el P. Mohn tuvo siempre una participación mínima en la gestión periodística de ACI, y a su muerte en el año 1987, Figari eligió a Alejandro Bermúdez, otro sodálite, como nuevo director de la agencia".

De Kenia a Roma

Según el blog Noticias Franciscanas del Perú, la misionera comboniana Rosa Peralta radica en Kenia, África, donde ayuda a la comunidad, "en especial a las niñas a seguir estudiando, niñas que han sido víctimas de traficantes sexuales". Supongo que debe ser, entonces, una religiosa sensible a los temas que su hermana fiscal ha estado investigando.

Rosa Peralta en Kenia (foto: Google+)
Desde el 10 de octubre del año pasado, la fiscal María del Pilar Peralta estuvo en Roma para tomar la declaración de Luis Fernando Figari en el contexto de la investigación que archivó hace unos días al no encontrar responsabilidad en los sodálites denunciados.

La misionera Rosa Peralta Ramírez también estaba en Roma en esos días. Cerca de ella. Y de Figari.

La periodista Paola Ugaz, que cubría para lamula.pe las actividades de la representante del Ministerio Público en Roma, y el abogado de los denunciantes, Héctor Gadea, afirman haber visto a la hermana de la fiscal Peralta el segundo día, en el cual se produjo la declaración de Figari. Estuvo dentro del Consulado, que es donde el fundador del Sodalicio acusado de abusos sexuales, físicos y psicológicos fue interrogado por varias horas por la fiscal Peralta. Ya de noche, terminada la diligencia, según cuenta Ugaz, la fiscal tenía antojos de pollo a la brasa "porque dijo que no le gustaba la comida italiana". La fiscal y su hermana salieron juntas.

Esta relación fraternal de la autoridad que investigaba a Figari, verdadero fundador de ACI Prensa, y la cercana amistad del también fundador del Sodalicio con un misionero de la misma congregación a la que pertenece la hermana de la fiscal podría haber influido en la decisión de Peralta. 

Ante esta nueva información, es necesario que el fiscal de la Nación inicie de inmediato una investigación seria. De comprobarse que existe un conflicto de intereses, el siguiente paso debería ser anular todo lo actuado por ella y pedir a otro fiscal que lleve adelante una nueva investigación.

Por lo menos la fiscal Peralta debió ser transparente e informar esto antes de asumir la responsabilidad que le fue encargada. Así el fiscal de la Nación podría haber decidido si ella era o no la persona idónea para este delicado caso.

El Sodalicio y las mandarinas [publicada el 18 de enero en Perú21]

Jose Enrique Escardó: "Le dijeron a medio mundo que era
un mentiroso, que era el anticristo".
La fiscal comía mandarinas parada a un lado de la puerta de su despacho. Hacía ya unos meses investigaba el caso Sodalicio-Figari. Dos días antes había tomado la declaración del superior general, Alessandro Moroni. Yo había decidido por cuenta propia visitarla. Le llevaba unos documentos que desmienten a Moroni. Me preguntó quién era. Le di mi nombre, pero no me conocía. Un rato después me contó que se notaba que Moroni (o el cura Baertl) estaban mintiendo. No recuerdo cuál de los dos. Se acabaron las mandarinas, o las archivó. Tal vez lo último, porque parece que eso hace cuando pela algo por encima y se cansa.
Me habló de una pariente suya que era o había sido misionera. En el África creo. Y me preguntaba por lo que me había pasado en las comunidades del Sodalicio. Apurado, resumí algunas cosas que escribí en mis columnas del año 2000. Abría los ojos, primera noticia para ella. Le conté también lo que se lee en el libro Mitad monjes mitad soldados, en el que uno de los primeros capítulos se titula “Escardó, el primer denunciante”. Y hay otro en el que cuento los abusos que sufrí en el Sodalicio. La fiscal respiraba hondo. No sabía. O sea, no había leído el libro cuya publicación motivó que, meses atrás, el fiscal de la Nación le pidiera que investigue a quienes son calificados ahí como victimarios. Me dijo que no iba a pasar nada porque el delito de abusos sexuales ya había prescrito. “Eso pasó hace más de 20 o 30 años”. Pero que por algo Dios la ponía en esas circunstancias. Que no era la primera vez. Ya había actuado en el caso de un cura que le trajo muchos problemas. Pero era su deber.
Este lunes archivó las denuncias. Como si fueran mandarinas. Moroni o Baertl ya no eran mentirosos. Desde el lunes lo eran los hermanos López de Romaña, Óscar Osterling y Pedro Salinas. Y yo también, aunque “se olvidó” de poner mi nombre en el comunicado. Tal vez porque dice que éramos mayores de edad cuando entramos al Sodalicio. Y eso es mentira. Porque yo hice promesa de Aspirante (ingreso formal al Sodalicio) el 8 de diciembre de 1986. Mi cumpleaños es el 9 de noviembre. O sea, casi un mes después de cumplir 17 años, ya era un sodálite de verdad. Y entré a comunidad a los 18 años recién cumplidos, eso sí. Pero la solicitud (con entrevista personal incluida) la presenté a mediados de 1987, cuando aún tenía 17 años, después de haberme lavado el cerebro desde sexto de primaria. Figari me puso en la lista de los elegidos cuando era menor de edad. Y Germán Doig intentó abusar sexualmente de mí en su oficina del Centro Pastoral de San Borja ese mismo año.
Tal vez “se olvidó” de poner mi nombre porque su comunicado dice que no tenemos problemas psicológicos causados por el Sodalicio. Y tal vez ella sabía que, hace varios meses, Ian Elliott, el irlandés experto en abusos contratado por el Sodalicio, concluyó que soy una de las víctimas y que necesito terapia. Voy desde hace cuatro meses y el Sodalicio la paga. Pero la fiscal dice que archiva porque no hay daño psicológico.
La fiscal no puede afirmar que fui víctima de lesiones psicológicas porque soy un hombre de “éxito”. Sí, por eso . Así de simplón. Pero los psicólogos que vieron a los cinco denunciantes y presentaron un peritaje de parte dicen lo contrario. Salinas ha contado que es porque uno de ellos conoce el caso. Con esa lógica, nadie nos podría hacer un peritaje psicológico. Es que esos peritajes no hablan de hombres de éxito, porque el éxito no solo tiene que ver con lo laboral, señora fiscal. También es haber logrado recuperar la confianza en los demás que se llevó los abusos, no haber perdido el rumbo en la vida, tener una relación saludable con la familia, los amigos, la pareja y todo nuestro entorno. Y mi peritaje de parte dice que no he podido conseguir eso, que tengo serios problemas. Pero la fiscal no lo aceptó. Y tampoco pidió que se reemplace con uno del psicoanalista que me ve desde hace cuatro meses, una vez por semana, pagado por el Sodalicio.
Tal vez por eso “olvidó” mi nombre en su comunicado. Porque para ella no soy nadie. Como no lo soy para Luis Fernando Figari, para quien no existo. Como no lo soy para el Consejo Superior del Sodalicio. Como no lo soy para quienes me arruinaron la vida cuando estuve en sus comunidades y en los últimos 16 años, desde que los denuncié públicamente. Porque le dijeron a medio mundo que era un mentiroso, que era el anticristo, que era un enfermo. Que esa era la versión que todos los vinculados al Sodalicio debían dar. Así, como quien pela una mandarina.

jueves, 28 de abril de 2016

Predicciones sobre la sentencia vaticana a Figari y el Sodalicio


Lo que sigue es la sentencia. Y ya viene. Ya lo sabíamos quienes impulsamos este caso. No teníamos segura la fecha, como no la tenemos aún. Pero algunos miembros del Consejo Superior lanzaron un video ayer en el cual el teleprompter nos decía, mientras sus mandíbulas se movían a su compás, que están en Roma esperando la sentencia de la Santa Sede.

Como primer denunciante del Sodalicio, estoy a la espera de lo que pasará. Aunque sé que no pasará nada. Eso está claro.

¿Por qué lo digo? Pareciera que soy pesimista, pero no, soy realista o, como diría Luis Fernando Figari, guardo un optimismo realista...

En el pasado, la Iglesia ha actuado con mano blanda en varios casos similares -algunos peores- que los de Figari y el Sodalicio. Así que, en base a la jurisprudencia vaticana, me atreveré a hacer de pitoniso y les contaré lo que creo que pasará en las próximas horas, cuando el Vaticano suelte la sentencia.

Luis Fernando Figari
1. Luis Fernando Figari, como otros fundadores o superiores, será separado o expulsado del Sodalicio porque su imagen contamina su futuro. Con esa separación se cumple el deseo del propio Sodalicio y el Vaticano le da un espaldarazo a la institución para que los católicos del mundo vean la "buena voluntad" de los líderes actuales del SCV y su intención de "cambiar".
2. Figari no será desamparado por la Iglesia, a la cual sirvió "fielmente" por más de 40 años. Será mudado a un convento o comunidad de retiro en Roma, auspiciado por algunos mecenas personales o de la propia Iglesia. Le pedirán, como lo hicieron con los pederastas Marcial Maciel (México) y Fernando Karadima (Chile), que medite y ore el resto de sus días. Y así no lo dejan a merced de la justicia peruana, la cual quedará de brazos cruzados. En este punto tal vez me equivoque, pero no mucho. Lo que pasa es que Figari no es cura, es un laico, así que hay una microscópica probabilidad de que sean un poco menos protectores con él. Veremos.
3. El Vaticano enviará a Lima un prelado, el cual revisará la situación actual de la institución. Lo más importante primero, por supuesto: cuánta plata hay y cómo se puede usar eso en beneficio de la Iglesia. Ese prelado permitirá que las actuales autoridades, involucradas también en los delitos de Figari y algunos con denuncias directas, lo ayuden para lograr una transición que sirva a los fines del Vaticano. Los que conocen la institución son ellos, así que sacarlos sería una movida improbable. Por lo menos hasta que el prelado se empape de lo necesario para darle el control al Vaticano. (Este post estaba siendo redactado cuando el actual superior del Sodalicio confirmó esta predicción desde Roma, así que va una).
4. Las investigaciones internas del Sodalicio continuarán un tiempo y sacrificarán a dos o tres abusadores para darles gusto a las víctimas. Y ahí quedará todo hasta que entren nuevas autoridades.
Moroni, el superior que conduce el cambio,
también ha sido denunciado por abusos físicos y psicológicos.
5. Las propiedades y los negocios serán asegurados por el Vaticano para que, si surge algún nuevo problema en el futuro, pasen a manos de la Iglesia.
6. No habrá reparación para las víctimas. La política de la Iglesia, y así lo adelantó el cardenal Juan Luis Cipriani hace unas semanas, es no dar crédito a las denuncias de abuso porque la alta curia considera que personas que no han sido abusadas pueden intentar lucrar, como ha sucedido en el pasado. Por ese motivo, las verdaderas víctimas no acceden a ayuda de la Iglesia y, en este caso, del Sodalicio. Y, como la vía judicial está agotada debido a la prescripción de los delitos de Figari, no habrá ninguna presión externa para indemnizar a los dañados por el Sodalicio y su cúpula de abusadores. Lo máximo que harán es llamar a las víctimas y pedirles perdón en persona y negociar un silencio mediante la firma de algún documento que impida que hablen más del tema en el futuro. En el pasado, la Iglesia ha usado dinero para comprar el silencio de algunas víctimas de abusos sexuales.

Así quedarán las cosas. Más o menos.

Esperemos para ver cuánto acerté o cuánto me equivoqué. Espero que sea lo último. Espero sentado, eso sí.

miércoles, 6 de abril de 2016

Las disculpas del Sodalicio

Sí, ayer me quebré cuando supe que el fundador, Luis Fernando Figari, había sido declarado culpable de los abusos físicos, psicológicos y sexuales que se le imputan y persona no grata por el Sodalitium Christianae Vitae (SCV). Y lloré más de una vez porque pensé que eso jamás pasaría. Estuve horas como zombi, como pisando nubes de algodón, como pepeado por los analgésicos naturales que desarrolló mi cuerpo para paliar el dolor de estos quince años de guerra cruenta contra los abusos y mentiras del Sodalicio.

Pero eso no significa que, después del impacto inicial de la sentencia sodálite, me iba a comer el cuento.

¿Qué pienso del videocomunicado de Alessandro Moroni? Pues que, así, solito, no sirve de nada. A los sobrevivientes no. De nada. Nada de nada. Ni un carajo, para que les quede claro.

¿Por qué?

Deshuesaré mi opinión en los mismos tres puntos que presentó el superior general en su videocomunicado de mea culpa.


1. Perdón. Por más que Moroni haya repetido esa palabra casi una decena de veces, el perdón no se pide leyendo un guion pegado a una chuleta al lado de una cámara e interactuando con un título pegado en postproducción al lado opuesto de la pantalla. El perdón se pide mirando a los ojos, asumiendo la culpa y la vergüenza cara a cara. Cualquier otra cosa es un fraude, pura cobardía, una rosquetada para llamarla como llamaba Figari a nuestras debilidades. Yo no perdono a Moroni ni a la cúpula del SCV. No, así no.


2. Separación. Luis Fernando Figari vive en Roma, en una comunidad del Sodalicio, en una propiedad privada de la institución que él fundó y que ayer supuestamente le jaló la alfombra. Si Moroni sentenció que el Sodalicio declara a su fundador culpable de las acusaciones y persona no grata, el siguiente acto, el inmediato, debió ser cerrar las puertas de esa comunidad, cortar sus fondos, mudar a los demás miembros que viven con Figari a otro lugar y dejar a Luis Fernando con sus maletas patitas en la calle. Si Figari sigue comiendo, durmiendo y usando el teléfono para coordinar con su abogado satánico en ese lugar es porque el Sodalicio sigue dándole los fondos necesarios en lugar de cerrarle el caño ipso facto. ¿De qué separación estamos hablando entonces? Ah, ya... Moroni dijo que es una "condena moral". O sea, floro. Y después, en jugada eclesial maestra, le tira la pelota en cruz al Vaticano para que expulse a Figari. Es que, por si no lo sabían, según el estatus legal del SCV ante la Santa Sede, ellos dependen de las decisiones papales para este tipo de movimientos. Ajá. Figari seguirá viviendo en una propiedad del Sodalicio, con plata del Sodalicio y con asistentes del Sodalicio hasta que el Vaticano le diga a Moroni que le diga chau. Si lo dice, claro está. Otro punto (que seguramente dará lugar a un próximo texto en este blog) es que Figari no es el único que debe ser separado. Hay una larga lista de nombres de sodálites abusadores y depredadores que los distintos denunciantes hemos ido revelando a lo largo del tiempo: monseñor José Antonio Eguren (arzobispo de Piura) el padre Jaime Baertl, Oscar Tokumura, Alfredo Draxl, Javier Leturia, el padre Luis Ferroggiaro y otros más que pueden encontrar gugleando. Casi todos ellos están en el Perú, así que no pueden esconderse como Figari. Por ahora.


3. Reforma integral. Dice Moroni que asumen los errores y pecados del pasado. Bueno, pues, esos "errores" o "pecados" son delitos y tienen víctimas. Uno asume los errores cuando toma acciones concretas para corregir (en lo que se pueda) sus consecuencias. Nada de eso se dice en el videocomunicado. O sea, pecado de omisión. Suave. Dice también que están dispuestos a aceptar la penitencia que les permita obtener el perdón de Dios, su familia y etcéteras. La penitencia, como bien saben ellos, no solo consiste en rezar. Hay que actuar. Y la acción que esperamos los sobrevivientes del Sodalicio es una reparación personalizada. No queremos que nos envíen a una casilla postal un sobre con mil soles o un millón de dólares a cada uno y que nos hagan firmar un recibo. Queremos que nos llamen. Queremos que nos miren a los ojos. Queremos que nos pidan perdón frente a la comunidad. Todo el Consejo, no un representante. Y que se interesen en cada caso, porque cada sobreviviente necesita algo distinto según la magnitud del daño que le han ocasionado. Si quieren construir un nuevo Sodalitium, deben hacerlo sobre suelo plano y limpio, no sobre los restos pútridos de un cementerio maloliente que esconden debajo del sótano mediático. Solo así podrán escribir una nueva historia, como lo anuncia Moroni al final del video.

Eso es lo que espero como sobreviviente del Sodalicio luego de este anuncio, que, si no se materializa en acciones, terminará siendo una estación más en el Vía Crucis de abusos y una cuenta más en el rosario de mentiras con el que siguen burlándose de quienes merecemos más que estos 4:05 minutos de YouTube:




lunes, 29 de febrero de 2016

¿Por qué es importante para el Perú que Spotlight haya ganado el Óscar?


En los últimos meses, a raíz de la publicación de la impecable investigación periodística "Mitad monjes, mitad soldados", de Pedro Salinas en colaboración con Paola Ugaz, se ha destapado en nuestro país una caja de Pandora nefasta.

El Sodalicio de Vida Cristiana (SCV) resultó ser una organización diseñada por su fundador, el laico peruano Luis Fernando Figari, para abusar física, psicológica y sexualmente de cientos de menores de edad y jóvenes de buena voluntad que eran reclutados por él y sus seguidores.

Luis Fernando Figari
debe afrontar sus denuncias en el Perú
La prensa ha abundado en detalles sobre lo que sucedía al interior de estas casas y las víctimas del Sodalicio y Figari seguimos pidiendo justicia. Pero el Ministerio Público no ha hecha nada visible a pesar del tiempo transcurrido y se escuda en que las víctimas no se han acercado a denunciar. Siendo yo una víctima de abuso psicológico y físico de Figari y el Sodalicio, y luego de quince años de venir denunciando los abusos sufridos, que han sido reconocidos como reales en privado y en público por varios jerarcas del Sodalicio, no pasa nada.

El proceso electoral en el que nos encontramos ha conseguido lo que el Sodalicio buscaba: que pase la ola para ellos y que la gente y la prensa olviden las gravísimas denuncias en contra de los depredadores y abusadores que aún viven en las comunidades sodálites. Empezando por Figari, que goza de protección del propio Sodalicio y del Vaticano en una fastuosa residencia ubicada en Roma. Figari, acusado de por lo menos cinco abusos sexuales y de decenas de abusos físicos y psicológicos, vive tranquilo gracias al dinero del Sodalicio y sus múltiples negocios, a los que nadie ha intervenido ni siquiera para iniciar una investigación a pesar de las denuncias.

Anoche ganó Spotlight (presentada en español como "En primera plana"), película que narra los hallazgos reales de un grupo de investigación periodística del diario The Boston Globe con relación a abusos sexuales cometidos en esa ciudad por miembros del clero y el encubrimiento sistemático que por décadas montaron altas autoridades de la Iglesia católica, entre ellas el cardenal Bernard Law, quien hoy (y no es coincidencia sino modus operandi) vive en Roma protegido por el Vaticano. El papa Francisco lo tiene ahí, en paz. Como a Figari. Como Juan Pablo II protegió a Marcial Maciel y a otros depredadores sexuales paridos por las entrañas de la Iglesia. Sí, San Juan Pablo II, el papa viajero, nombró a Law arcipreste de la Basílica de Santa María la Mayor. Y lo nombró conociendo todas las denuncias en su contra.

El cardenal Bernard Law (derecha) encubrió más de 5000 casos de abuso sexual
y hoy vive en Roma al amparo de la Iglesia (foto: AFP)

Ni Francisco hace nada, ni las autoridades peruanas hacen nada. Mientras tanto, las víctimas luchamos solitaria e incansablemente con lo que podemos para que se haga justicia. Y no se hace. Como no se hizo con las decenas de víctimas de los curas pederastas que recoge la investigación del grupo Spotlight, sobre el cual se hizo la película ganadora del Óscar.

Los peruanos debemos aprovechar esta visibilidad que le otorga la Academia a una película sobre miles de abusos sexuales cometidos por el clero católico en Boston para exigir a nuestras autoridades que sean serios en su investigación. Recuerden que hay cientos de abusados en nuestro país que esperan justicia, como la espera hasta hoy quien fuera un niño de cuatro años violado por un cura al que Law encubrió junto con otros 5000 casos de abuso sexual en la Iglesia.

Spotlight no es una película más que gana el Óscar. Spotlight no es ficción. Spotlight es un hito histórico que muestra que el mundo ya no le teme al Vaticano y es capaz de aplaudir a quienes tienen la valentía de hacer evidente su falta de escrúpulos con las miles de víctimas que cargan la cruz de haber sido despellejados de su fe por un pene clerical.

Pero, no basta con aplaudir, ahora hay que hacer.

Puedes leer todo lo que se ha escrito en este blog sobre el caso Sodalicio y Luis Fernando Figari en este enlace.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Lo que defiendo en estas y todas las elecciones (por si a alguien le importa)


No suelo hablar de política, ya que mi interés primordial en la vida va por otros rumbos. Sin embargo, en estas fechas, es inevitable hacerlo. Siempre he sido claro sobre mi postura ante el voto obligatorio. Creo que es una falla del sistema democrático. El voto voluntario es, para mí, un requisito ineludible en una sociedad que se jacta de ser una democracia en todos sus extremos. Obligar a la gente a votar -no importa con qué excusa o estudio o justificación sociológica o psicológica- me parece una manera de perpetuar la ignorancia y la elección de autoridades mediocres que no deben hacer ningún esfuerzo para convencer a un pueblo que no muestra interés en propuestas, sino que se ve obligado a votar para evitar una multa que la mayoría no puede pagar porque dejaría de comer uno, dos, tres o más meses. 

Es fácil sonreír o dar dinero o prometer ayuda o regalarle a alguien un polo o un gorro que le servirá para evitar comprar los que necesita para enfrentar las inclemencias del clima y con eso obtener un lugar en el top of mind del elector que decide en la cola mientras conversa ligeramente con los demás sobre "¿por quién vas a votar?". La esencia del fracaso de nuestro sistema democrático es que no es democrático desde su primera premisa: el voto voluntario. Es por ello que, elección tras elección, como no puedo ejercer la opción de no ir a votar si no me convence ningún candidato y no quiero sentirme obligado a endosarle a nadie mi confianza ni votar por el mal menor, tomé la decisión libre, democrática y constitucional de expresar mi disconformidad con el voto obligatorio viciando el mío. Y eso también es democracia. Tener la potestad de no apoyar a nadie en las elecciones porque no apoyo el sistema fallido que lo pondrá al mando de nuestro país. Mientras no se elimine el voto obligatorio no le regalaré mi voto a nadie que no me convenza como se debe convencer a un pueblo que se respeta y al que se quiere servir, no del cual uno se quiere servir al llegar al poder. Si me siguen en mis redes sociales, en especial en Twitter, verán que no les será fácil identificar si apoyo o no a algún candidato en particular y serán testigos de cómo me regalo la oportunidad de señalar lo bueno o -con mucha más frecuencia- lo malo, de cualquier postulante, ya sea al Congreso, la Alcaldía o la Presidencia, según el proceso en el que estemos. Claro, siempre habrán personas con medio cerebro que lean una publicación mía de 140 caracteres criticando a alguien y, solo con ella, asuman que esa es mi posición universal frente al proceso electoral y sus participantes. Pero ese no es mi problema. La incapacidad de ver más allá de sus rodillas es rollo de cada uno. Así que, si me lees criticar a alguien o aplaudir a otro en estas semanas previas a las elecciones, sea candidato al Congreso o a la Presidencia, no te hagas ilusiones. No significa que votaré por tu candidato preferido ni que estoy atacando al que odias. No votaré por ninguno. Y esa decisión no tendrá que ver con ese candidato ni con lo que tú, los medios o las redes sociales tengan que decirme sobre él. Tiene que ver con una postura frente a un sistema que le da el mismo valor al voto de un ciudadano informado que al de alguien que leyó un meme o recibió un polo o tomó su decisión por la cantidad de personas a su alrededor que votarán por el mismo que él. Todos tenemos el mismo derecho a votar y eso no lo pongo en duda. Pero todos tenemos también el derecho a no votar, y ese es un derecho secuestrado en nuestro país. Y mi vía para expresarlo, por el momento, es votar viciado. P. D. Si aún crees que el voto viciado termina apoyando al candidato ganador o algo así, te invito a leer un post que escribí hace unos años sobre ese mito de marras.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...