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domingo, 2 de enero de 2011

Masías utiliza base de datos de la Municipalidad de Miraflores para propaganda personal


Manuel Masías (foto: utero.pe)
Los vecinos de Miraflores recibimos el sábado 1 de enero del 2011 un correo enviado desde la cuenta personal mmo@manuelmasias.pe usando la base de datos de la Municipalidad de Miraflores.

Manuel Masías renunció a la alcaldía de este distrito el 11 de octubre del 2010, luego de no haber sido reelegido en las elecciones del 3 de octubre.

Este es el correo:

Apreciado(a) Vecino(a)

A través del presente correo les presento mi nueva página personal con el propósito de dar a conocer una amplia información pública sobre mi trabajo realizado en la Municipalidad de Miraflores y sobre los próximos proyectos que serán materia de renovados emprendimientos:


Asimismo, les invito a que lean la Memoria Institucional 2007 – 2010, que busca informarle, en apretada síntesis, acerca de los principales logros de todo lo actuado durante mi gestión. Un balance necesario para conocer el pasado reciente y, me valgo de la oportunidad, para expresarles mi hondo agradecimiento por el alto honor que ustedes me confirieron al elegirme su alcalde:


Aprovecho también la ocasión para desearles un venturoso 2011 y les pido por favor que difundan este mensaje a todos los que tengan interés en acceder a la rendición de cuentas que se hace a través de los documentos contenidos en mi portal.

Muy cordialmente,

Manuel Masías Oyaguren

Si no desea recibir esta información re-envíe este mensaje con el asunto "REMOVER".



sábado, 6 de noviembre de 2010

El fantasma de Masías


A Manuel Masías lo sacamos los vecinos de Miraflores en las últimas elecciones. Luego de su vergonzosa derrota, renunció porque quiere regresar al Congreso. Pero el desastre continúa en Miraflores. Sus funcionarios (a quienes no les importó nunca cerrar calles para sus negociados con empresas privadas) siguen haciendo lo que quieren con el distrito.

¿Quién, en su sano juicio, permite a una empresa privada, en este caso Nike, armar una maratón de 10 kilómetros en pleno centro de Miraflores un sábado por la noche?

Cuando tomaba las fotos que verán más adelante, noté que por Larco pasaban caminando algunos funcionarios de la municipalidad, encabezados por la inefable jefa de Relaciones Públicas. Ella, en el colmo del desparpajo y creyéndose (como siempre se ha creído) la alcaldesa, animaba a los corredores que estaban por llegar a la meta. Estas personas, en lugar de trabajar para quienes les pagamos sus sueldazos, no solo crean el caos, sino que disfrutan de él en la cara de quienes lo sufrimos.

Y claro, terminando este post, coronaron la noche con fuegos artificiales a las 10.45 PM. Mi hija de tres años intentaba dormir a mi lado, pero saltó del susto y se puso a llorar. ¿Y la ordenanza municipal contra los ruidos molestos? ¿Y el respeto de la municipalidad por los vecinos que pagamos arbitrios para vivir en paz?

El fantasma de Masías sigue cerrando calles a su antojo. Realmente esperamos que el nuevo alcalde, Jorge Muñoz, cambie esta vergonzosa y abusiva situación.

(Me olvidé, en medio de la rabia, de contarles que demoramos una hora y media en regresar del cumpleaños de mi sobrina. Y no, la fiesta no fue en Huacho, sino en San Isidro).

domingo, 15 de agosto de 2010

Fiebre de sábado en Miraflores

3.15 AM. Los gritos de hombres y mujeres discutiendo se hacen cada vez más fuertes en Tarata, Miraflores. Al comienzo, parece una de las típicas bronquitas de fin de semana, una más de esas a las que estamos acostumbrados quienes vivimos en esta parte del distrito que los visitantes usan de bar caleta y de pasaje para encontrar una salida hacia una calle en la que puedan parar un taxi para volver a sus casas (normalmente en otro distrito).

Pero, poco a poco el ruido sube y el descontrol parece exceder los límites de la costumbre. En menos de dos minutos, dos grupos de chicos empiezan a insultarse y agarrarse a golpes, mientras sus acompañantes femeninas chillan, insultan, blanden carteras y exigen que se metan "uno contra uno, a ver pues". En medio del tumulto se distinguen voces en inglés, un par de turistas están metidos en la colada.

Vecinos que están de pasada miran, resignados y atemorizados. Quienes vivimos acá nos asomamos por nuestras ventanas, creyendo que nuestros ojos recién abiertos podrán conformar una fuerza conjunta que servirá para apagar la bulla y poder volver a dormir, mientras los trabajadores de los restaurantes del pasaje intentan separar a los grupos.

Ni un solo policía. Ni un solo sereno. Y yo me pregunto: ¿dónde está ese fantasmal sereno que ronda Tarata todas las noches y que nunca aparece cuando estas cosas pasan? Sí, la misma pregunta de cada fin de semana (y de algunas otras noches también). Y me pregunto también qué dificultades administrativas hay que vencer para que a una cuadra y media de la municipalidad alguien ponga orden.

Los grupos se van dispersando, con lo cual el ruido no disminuye, al contrario, aumenta porque se gritan de más lejos. Y sigue durante unos quince minutos más desde dos sectores opuestos de Tarata, cada vez más alejados, con cada vez más pausa y más eco.

Y no hay serenos. Y no hay policías.

3.37 AM. Se oyen algunos gritos en los dos extremos de la calle y por primera vez una moto, una sirena grave y una voz multiplicada por un parlante. Silbatos (que no sé si son de un policía, un sereno o algún vecino que intenta hacerles creer que ya llegó la ley).

3.40 AM. Vuelve la "calma", palabra que aquí significa que se oyen ecos, las típicas bocinas de los autos que pugnan por voltear por Schell, Larco y Diez Canseco, las alarmas de los autos estacionados y que los borrachos no pueden abrir sin que suenen y las inocultables voces de los cobradores de combi que son ya parte del soundtrack de esta zona del distrito.

Una noche más, una noche casi normal en el centro de Miraflores.

domingo, 18 de julio de 2010

Wong y Masías nos robaron Miraflores

(Una historia real de cómo nos tomó 40 minutos llegar de Larcomar a Tarata, incluidas las respectivas broncas con policías y serenos).




Llevamos a nuestra hija de 3 años a Larcomar, a ver Shrek y comer algo. La bebe no se sintió bien al final y teníamos que regresar a mi casa, en Tarata, a seis cuadras. El viaje nos tomó 40 minutos, la indiferencia y malacrianza de algunos serenos, la estupidez de varios policías de tránsito y un taxista asustado a quien tuve que pagarle más del doble.

Saliendo de Larcomar, bastó voltear a la izquierda en la primera entrada posible para que empezara el infierno. Al llegar a la avenida La Paz, no había pase hacia Benavides. Ni una sola indicación, solo cintas que cerraban el acceso, policías y una unidad de Serenazgo. Al preguntarle al sereno por dónde debíamos ir, solo atinó a mirarme y decirme, "no sé, tendrán que irse hasta el puente Villena, me imagino". Al insistirle que vivimos en Tarata y que estaba con mi hija de tres años que no se sentía bien, me miró otra vez con indifernecia absoluta y me dijo "tendrá que preguntarle a los policías, ellos son los que cierran el tránsito".

Veinte metros más adelante estaban dos mujeres policías, a quienes les pregunté por dónde debíamos ir. Una de ellas, una retaca sobrealimentada con cara de poto, le explicó al taxista dos rutas, entendibles en su cabeza solamente. Ante su falta de voluntad y malas maneras, le dije: "¿Y quién va a pagarme el taxi, ustedes o el alcalde?". Al voltear el auto en U para salir de ese lugar, la tomba, prototípicamente prepotente, empezó a desquitarse con el taxista y a decirle que encima que me "estaba ayudando, todavía se molesta". Mi hija estaba llorando en el auto y yo estaba rabiando porque cada año es la misma historia: Miraflores deja de ser de los vecinos y pasa a ser la mesa de negocio de Wong y del alcalde de turno.

Me bajé del auto y la encaré. Que me dijera a mí lo que tenía que decirme y no al taxista que estaba haciendo un servicio por el cual, lógicamente, tendría que pagar más del doble. La tomba se puso malcriada y empecé a llamarle la atención como se lo merecen estos uniformes con patas cuando creen que, por ser "autoridad", pueden tratar a las personas como quieren. La grité como no la ha gritado ni su padre. Le dije lo que no le ha dicho su comisario. Y bien merecido que se lo tenía. No me estaba "ayudando", estaba cumpliendo mal con su deber y yo tengo todo el derecho a decirle en su cara que ella no tiene por qué ponerse malcriada con el taxista porque yo hice un comentario, que si quería aclarar a alguien, debía decírmelo en mi cara. Después de decirle todo lo que tenía que decirle, me subí de vuelta al auto y empezamos a adivinar nuevamente el camino. Terminamos, sin flechas que seguir, sin rutas alternas previstas ni por la Policía Nacional ni por la Municipalidad de Miraflores, dando la vuelta en U en Barranco, en medio de un atolladero de autos que buscaban lo mismo que nosotros.

Entramos a la Vía Expresa y nos encontramos con un segundo atolladero. Ni un solo policía, todos estaban cuidando el evento de Wong. Pretendimos salir del zanjón hacia Benavides. Cerrado por dos policías, un hombre y una mujer. Después de 15 minutos parados en esa salida, llegamos a los tombos. El hombre le explicaba a un conductor que no podía salir por ahí y la mujer lo miraba del otro lado del auto. Saqué mi DNI por la ventana y llamé a la mujer policía: "¡Señorita, señorita!". Nada, mirada de conmigo-no-es. Otra vez, ya parado en la pista: "¡Señorita! Vivo en Tarata, déjeme pasar, estoy con mi hija que no se siente bien". Se sentó en la noticia y, de reojo, balbuceó: "No pueden pasar vehículos de servicio público, siga de frente". No quería seguir peleando, mi hija había entrado en pánico (no exagero) al verme discutir con la primera policía. Solo le dije: "No me importa lo que le hayan dicho, estoy a más de quince cuadras de mi casa, hace media hora que estoy en sus atoros y mi hija está mal". Consultó con el hombre y ni siquiera nos dieron una señal de pase, simplemente se movieron a un lado y yo tuve que adivinar que esa malcriadez significaba que "nos daban su permiso" para pasar.

Tratamos de llegar a Benavides, sin saber por dónde ir sin exponernos a otra calle cerrada y a otros policías o serenos dueños de las calles por encargo del alcalde y sus amigos de Wong. Olfateando las pistas, como perro vagabundo, le indiqué la ruta al taxista. Finalmente, llegamos a Benavides, casi a la altura de República de Panamá. Entramos por la avenida, cruzamos la Vía Expresa y volteamos por Grimaldo Del Solar con la idea de bajar por Schell. Todo iba bien hasta que llegamos al cruce de Schell con La Paz. Otra barricada. Otros dos tombos con casco en lugar de cerebro. El DNI por la ventana y que no podíamos pasar, que no, que no. Hasta que vieron a mi hija dormida y la tomba le dijo al tombo: "están con bebe". Yo ya a punto de bajarme del auto para tumbarles la tranca, y justo en ese momento el tombo sacó la cinta e hizo un gesto de pase, el mismo tipo de gesto que le hace uno a su perro cuando le abre la puerta para que vaya a mear al jardín. Y pasamos.

Sorteamos decenas de peatones que tomaron la calzada y llegamos a Alcanfores, voleteamos a la izquierda y luego a la derecha. Tarata no era más de los vecinos. Tarata era un mercadito donde todos iban o venían y se paraban a tomarse fotos. El auto tuvo que volverse un reptil para sortear los obstáculos y avanzar los 100 metros que nos separaban de mi edificio. Llegamos por fin. Tuve que pagarle el triple al taxista y vi mi reloj: 40 minutos desde que salimos de Larcomar, a 6 cuadras.

Estoy escribiendo esto sentado en mi cama. Mi hija y su mamá están dormidas a mi lado, con sobresaltos cada vez que algún carro alegórico o banda pasa cerca. Teníamos planeado salir más tarde, ir al Circuito Mágico de las Aguas. "Es un buen día para que la bebe conozca las fuentes, todo el mundo va a estar en el corso", comenté ingenuamente en la mañana.

Pero no, ahora estamos presos en nuestra propia casa. Si salimos, no tenemos idea de cómo llegar a una calle donde haya un taxi, no tenemos idea de cómo salir del Miraflores de Wong y Masías, y no tenemos idea de a qué hora podremos volver sin que nos pase lo mismo.

Estoy sentado en mi cama escribiendo esto mientras, a menos de media cuadra, nos destrozan el domingo trompetas, gritos, tambores, música estridente y megáfonos, todo pagado por los chilenos de Wong y permitido por un alcalde cuyos serenos solo saben decir "yo no sé, los que cierran la calle son los policías".

De algo sí estoy seguro hoy, que el 5 de agosto, cuando Manuel Masías vaya a mi programa de radio, como ya se comprometió, va a tener que responder muchas preguntas con relación a este tema. Y que el próximo año, sea como sea, me mudaré de Miraflores.
Actualización: Mientras colgaba el post, mi hija y su mamá se despertaron gracias al paso de una jauría que gritaba "¡Bob Esponja!"...

sábado, 25 de octubre de 2008

Fiestas callejeras a las 12.30 de la noche. ¿Con el permiso de quién?

Envío realizado esta mañana al grupo de Google VECINOS MIRAFLORINOS.


Mi hija tiene un año y medio, le están saliendo los dientes y le cuesta agarrar sueño. A nosotros, sus padres, también.

Las últimas dos noches [jueves 23 y viernes 24 de octubre], pasó por Larco una caravana musical con tambores, pitos, alaridos y demás ruidos. Parecía una celebración por una victoria peruana en fútbol. Parecía, digo, ya sabemos que no lo era… Anoche me asomé por la ventana para identificar cuál era la procedencia de tal algarabía y me pareció que el festejo provenía del Mirabús ese sin techo que hace recorridos nocturnos por Lima, pero no puedo confirmarlo. Lo que sí puedo confirmar -hasta con las ojeras miraflorinas que adornan mis párpados esta mañana- es que el reloj marcaba las 12.34 de la medianoche.

Yo vivo en Tarata, junto a decenas [seguro poco más de un ciento] de familias que ya tenemos suficientes inconvenientes para dormir gracias a que nadie silencia las risotadas de los bromistas en grupo que se juntan a tomar chelas y demás alcoholes en las bancas de este maltratado jirón del centro de Miraflores. También colaboran con nuestro insomnio crónico -parte ya de las tradiciones miraflorinas, si es que aún queda alguna- los bramidos destemplados de los cobradores de combis y coasters [que no se pronuncia “custers”, esos son los pantalones], a quienes -qué raro, ¿no?- les importa ocho rábanos, doce pepinos y dieciséis carajos que existan seres humanos a su alrededor a menos que tengan un sol en el bolsillo y precisen salir de Miraflores con destino a ¡jayerprao-lamarina-fossssseeee!

A ver si en este foro hay alguien que pueda cerrarle el hocico a estos cobradores, dejar de darle venia a buses parranderos para transportar a personas que no distinguen las manecillas del reloj y poner por lo menos un sereno por las noches en la poco serena Tarata para que las carcajadas y los aullidos de quienes tienen solo 7 lucas para pasar una noche de distensión en nuestra cuadra sean invitados a retirarse hacia algún local cerrado o a la puerta de sus casas a fregarle la paciencia a sus papis y no a nosotros.

Gracias (a los miembros de esta lista por leer y a quien pueda hacer algo solo si logra hacerlo).

Sino, le tendremos que cambiar el nombre al distrito de Miraflores a Oyeruidos.

miércoles, 16 de julio de 2008

Masías: ¡Deja a Tarata en paz!

Lástima que el alcalde de Miraflores, Manuel Masías, no tenga ningún respeto por los habitantes de Tarata. Tres ejemplos de los muchos que tenemos que vivir quienes ya tuvimos bastante con el ataque terrorista:

1. Hace un año, justamente para celebrar el aniversario del atentado, durante 3 noches y madrugadas seguidas, empleados contratados por la municipalidad usaban sierras de mano y eléctricas, además de sopletes, ruidosísimos, para terminar el ovalito de Tarata que sellaría el nombre de Manolo en esta calle.

2. Hace unos días, se filmó un comercial de Global Net que está en el aire, el de los marcianos. El edificio que sale en casi todas las tomas es el mío. La municipalidad les dio permiso para grabar hasta pasada la medianoche, con gritos de la actriz, el director y todo el equipo de producción, además del ruido del grupo electrógeno alquilado para la realización y las tremendas luces que se metían por nuestras ventanas.

3. Hoy, como el año pasado, Masías armó un estrado y toldeó la mitad de la cuadra 2 de Tarata, justamente donde explotó el coche bomba. Desde las 11 de la mañana, los habitantes de Tarata no podíamos entrar en auto a nuestra propia calle. Yo estaba trayendo -emocionado- la primera cama para mi hija de 1 año y tuve que pelear con el prepotente sereno que no me dejaba pasar. Al final, simplemente tuve que pasar, le gustara o no.

En la noche, regresando a casa, estaban en medio de la ceremonia de marras y no me dejaban pasar –nuevamente- a mi casa. El sereno encargado tuvo que hablar con la vieja (que se cree pituca) de Protocolo de la municipalidad, quien se me acercó con cara de pocos amigos a decirme si podía esperar “2 minutitos” para pasar. Le dije que no, que si ellos esperaban “2 minutitos” a que yo pague mis tributos, atracaba. Acto seguido, la tía -otra malcriada- me hizo un ademán para que pase.

Para terminar, son las 10.14 PM, mi hijita está dormida a mi lado y afuera la municipalidad sigue desarmando sus toldos. Si yo hago el 1% del ruido que ellos están haciendo, me tiran el Serenazgo encima por “ruidos molestos”.

Tarata ya tuvo demasiado. Mejor, que Masías se concentre en terminar las interminables obras de la calle Berlín y demás, que parecen en realidad Beirut.
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