domingo, 5 de junio de 2011

Traduciendo a Magdalena Chu

Esta es una versión reducida de un artículo que publiqué el 11 de abril, mientras se contaban los votos de la primera vuelta.

Foto: Diario Correo

Encuestas a boca de urna: Muestra estadística que puede tener hasta 4% de margen de error.

Conteo rápido: Muestra estadística con alrededor de 1% de margen de error.

Resultados de la ONPE: Se cuentan los votos a medida que van llegando, en orden. NO son una muestra estadística. Pueden ver el avance aquí.


Es como si uno tuviera una pastelería y van llegando pasteles de distintos sabores, uno tras otro, en desorden. Puede ser que en el primer envío reciban más pasteles de un sabor y en el siguiente más de otro. No se puede concluir que un sabor tendrá más pasteles al final. La cantidad exacta de pasteles de cada sabor solo se sabrá cuando lleguen todos y sean inventariados.

En el caso de los conteos rápidos de las encuestadoras, se toman mesas representativas en todo el país y el extranjero y se realiza una muestra que tiene como margen de error aproximadamente +/- 1%. Es por ello que las tendencias iniciales de la ONPE irán cambiando a medida que lleguen más actas de lugares alejados. 

Eso irá estabilizando y sincerando el conteo y, a medida que la ONPE se acerque al 100% del procesamiento de las actas totales, recién veremos cómo se van acercando a los conteos rápidos de las encuestadoras (tal vez no en porcentajes finales, pero sí en cuanto a las posiciones de los candidatos).

Conclusión: Los conteos rápidos son más confiables y cercanos a lo que será el resultado de la ONPE al 100%, que recién conoceremos en unos días.

A continuación, el enlace al artículo que escribí luego de la primera vuelta, en el que incluyo la multiplicación que se debe hacer para saber el avance real del conteo de votos en la ONPE: http://j.mp/gHDbWt


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El autor

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No me gusta mi nombre. Quienes me conocen me dicen JEES.

Fui director de la revista de primaria de mi colegio, entrevisté a un futuro dos veces expresidente del Perú a los doce años y me metí en mi primer lío (serio) por escribir lo que pensaba en cuarto de secundaria.

Saliendo del colegio ingresé a la Facultad de Teología porque quería ser sacerdote, pero me curé a tiempo. Luego estudié filosofías orientales y terminé recibiendo iniciación brahmínica en la India en 1994.

Fue ahí donde un sadhu leyó mi carta astral y me dijo: "veo comunicación, comunicación, comunicación". No fue una sorpresa.

Me gradué de publicista, me dediqué principalmente al Periodismo, soy todo lo contrario a un relacionista público y tomo muy malas fotos pero mi sueño es ser fotógrafo. Por eso prefiero decir que soy comunicador.

Entender el internet, las herramientas digitales y las redes sociales se me hace misteriosamente sencillo, así que decidí dedicarme a solucionarle la vida a quienes se les complica con la modernidad.

Enseño hace casi veinticinco años. Hace cuatro en la Universidad Inca Garcilaso de la Vega y hace uno en el Instituto San Ignacio (ISIL).

El número 3 y sus múltiplos me persiguen. Por eso blogueo de tres maneras: 
  • Opino aquí.
  • Cuando me inspiro, publico aquí.
  • Si sobra algo, está aquí
Aunque Facebook no me quiere, algunos de sus usuarios sí.