sábado, 17 de abril de 2021

#BetoMiserable hoy, #BetoMiserable siempre

No es así recién. Siempre fue así.

En 1999 escribí una columna sobre su regreso a la TV peruana después de su autoexilio en Estados Unidos. En el siguiente programa me dedicó más de diez minutos. Respondí sus estupideces en mi siguiente columna. Y volvió a la carga con mentiras y burlas. Diez minutos más en señal abierta. Me aburrí de contestarle, así que en mi columna siguiente solo le dediqué un párrafo de despedida.

Semanas después, un periodista de la revista fue a entrevistarlo a la salida del canal y Ortiz le pasó el carro por encima del pie.

Aquí están las columnas que reflejan el espíritu de una bronca de hace 22 años que muestra lo vigente que está aún lo que dije de él. Y, ahora que las he leído otra vez, también resultaron premonitorias.

Siempre fue #BetoMiserable.


PARÁSITORTIZ: LOS SIN CHAMBA CONTRAATACAN

Publicada el 18.10.99

Es lamentable que la necesidad de chamba haga que en este país surjan algunos entes que se aprovechan de las miserias o éxitos ajenos para vivir de ello. Con un disfraz de paladín de la sinceridad y la transparencia, estos poseros copiones se cuelgan de la mierda ajena y la convierten en su forma de vida sin el más mínimo remordimiento de por medio.

En esta oportunidad, merece mi atención especial el caso psiquiátrico más comentado de la semana, la aparición en las pantallas de Canal A de una nueva estrella (suponemos que fugaz), el señor Beto Ortiz. Él, cual nuevo mesías, ha llegado desde lo más profundo de los oscuros basurales intelectuales a posar ante cámaras y disparar su veneno a todo aquél que se cruce en su camino. Su actitud irreverente es interesante de analizar y podría ser muy útil, pero sólo el día que se decida a utilizarla para construir algo de provecho. El maleteador Ortiz, cual parásito, se prende de sus víctimas y vive de ellas, a costa de sus emociones y de sus problemas. Un digno representante de la especie pseudohumana de aquellos que se venden a precio módico en una etapa de crisis y que disfrutan del sabor fresco de la carroña artística de un país que ya no sabe adónde vomitar sus frustraciones.

El orgullo que exhibe en su trabajo es envidiable. Ya quisiera yo poder ser así: arrogante, desvergonzado, petulante, ponzoñoso, irrespetuoso, atropellador de intimidades, etc. y poder dormir tranquilo. Bien por él. Y pensar que todo esto empezó con una operación, un beso y la escasez de chamba. Así de complejo es mi país. ¿Bendito seas Perú por los hijos que produce tu crisis!

El lunes 11, fecha en que se inició su aparición salvadora en el programa “Para Todos”, a pesar de ser un invitado nomás, se dedicó a aplastar a los del mismo canal y al programa que le daba la bienvenida. Se quejó de la mesa, de la producción, de que el teléfono no tenía línea, del rating, etc. Fue un experto cagagente al que casi nadie contestaba la llamada. Se aprovechó de su agenda electrónica-base de datos para jorobarles el sueño a sus “amigos” de la farándula. Eso cautivó a Canal A. Ahora está todos los días con poses, tonitos de voz y frasecitas a lo Jaime Bayly, quiere irrumpir en nuestras casas para que lo creamos el nuevo paradigma de la televicio peruana, llena de maleteo, sinvergüencería y falta de conciencia, todo ello vendido a precios a veces altos, a veces simbólicos.

Felicitaciones Beto Ortiz, nuestro país te agradece que nos muestres que cada día estamos más sumidos en la desesperación y que no sabemos qué más hacer para divertirnos, muera quien muera.

Termino mi reflexión con el eslogan de esta columna: “Grandes mentes hablan de ideas. Mentes promedio hablan de eventos. Mentes pequeñas hablan de otras personas”, aclarando que lo que critico de Ortiz es su actitud. Él me tiene sin cuidado, pero sí me importa lo que su caso simboliza.

Hasta la próxima. Y busca siempre “El Quinto Pie del Gato”, es bueno ver la vida desde adentro...█

TE CREÍ MÁS SABIO PARÁSITORTIZ...

Publicada el 25.10.99

La semana pasada, UNA persona (índice de rating) me llamó para decirme que Betortiz, que antes era un investigador, estaba comentando esta humilde columna en sus veintitantos minutos de cuatro puntos de rating con 30 por ciento de encendido (oropel vacuo). Lo escuché, me reí y confirmé que el pobre animador ya no era lo que alguna vez pretendió ser.

Ahora le contesto y espero que esta vez acepte que atacar mi foto y mi pasado no lo librará de su propia incapacidad. Debo recordar que todo lo que dije la semana pasada fue una opinión, y que nunca lo acusé diciendo falsedades, como él sí lo ha hecho. Actuaré en base a mi libertad de expresión y me defenderé de los ataques que él me ha hecho con argumentos y no con ataques mongos, o sea, como la gente decente. A ver, Beto, si puedes sobreponerte a la piconería y usar el cerebro bien irrigado que, según tu desinformación, tu dieta te ha dado.

Me atacó diciendo:

1) Que soy un Hare Krishna: FALSO. No pertenezco a los Hare Krishna hace un año. Te puedo hacer llegar copia de la carta que envié, en octubre de 1998, renunciando a esa organización religiosa. No tengo ninguna afiliación en estos momentos y no creo que, para una persona pensante, mi pasado religioso sea una razón que invalide mis opiniones sobre lo que tú representas.

2) Que mi cerebro no está bien irrigado porque en mi dieta falta la carne: Tengo en mi poder libros y referencias que demuestran que la dieta vegetariana es positiva para el desarrollo de todas las capacidades. Cualquier investigador periodístico sabe que esto está demostrado desde la década del ’60. Estás desactualizado, con gusto te enviaré los datos que te faltan para dar una opinión con base. Debo suponer que haces extensiva tu ignorante conclusión a un grupo de gente con cerebro muy bien irrigado que ha seguido este tipo de dieta, entre los cuales podrás encontrar a grandes sabios, científicos y líderes a través de la historia.

3) Que los Hare Krishna no tienen sexo: Otra mentira. Primero, los Hare Krishna sí tienen sexo. Gracias a ello tienen hijos, a los cuales puedes visitar en sus comunidades. Cómo se nota que no te acuerdas de que el reportaje de la Revista Dominical no lo hiciste tú (como aseguraste), sino Marianne Blanco, y que fue muy favorable y objetivo. Segundo, es difícil de creer que para un periodista con tu prestigio (por lo que hiciste antes de esta triste etapa en la que te han encerrado tus necesidades económicas), pueda ser motivo para invalidar opiniones el hecho de que alguien no tenga relaciones sexuales. O sea que para ti, el papa, muchos curas y obispos y el congresista Rey Rey son unos tarados incapaces de emitir juicios razonables. No creo que tus televidentes estén de acuerdo contigo. Cuidado con lo que dices, puede que Taitita-Rating se moleste... más...

4) Que soy un parásito porque trabajo en la revista de mi “papito”: Investiga, pues, ¿o ahora te duele? Soy director ejecutivo y accionista de la revista, tengo otra empresa de la que soy gerente general desde hace cinco años sin fallar en pagos de sueldos, impuestos, etc. Siempre en azul, a pesar de la crisis. Es grave tu falta de respeto a mi padre, un periodista de mucha más trayectoria que tú y que es un símbolo del periodismo nacional, al creer que, luego de 42 años de entrega, él va a darme la dirección de la revista que ama más que a su propia vida sin considerarme apto para el reto. Estás siendo muy impertinente y poco cauteloso. Además, más de medio periodismo nacional sería parasitario e incapaz según tú. Los Miró-Quesada, los Zileri, los Delgado Parker, los Mohme y tantos otros respetables periodistas serían parásitos. Creo que tu público no estaría de acuerdo con que la continuidad de una empresa familiar es censurable.

Me parece que con este comportamiento infantil y nada profesional estás desprestigiando a un buen canal de TV que se está esforzando por llevar adelante una programación decente y de nivel, con entretenimiento sano. No sé si mucha gente de Canal A esté de acuerdo con que critiques el programa en el que tienes esa secuencia de marras y a otros programas de la misma casa. No sé si gente tan profesional y de tan alta calidad personal como Christian Andrade, el mismo Raúl Romero (a quien quieres robarle el programa descaradamente), Lalo Martins, Bruno Pinasco (en resumen, gente que se está esforzando por aportar algo bueno y con un trabajo no carroñero) estén muy felices con tus ataques y tus poses. Dudo. Y es gente a la que conozco y aprecio.

Lo que más me sorprende es que en ese canal se permita rebajar el nivel de la programación por unos puntos de rating provenientes de tu cochinada y de tus ataques. Me sorprenden mucho esos contrastes.

En cuanto a mí, si no me conoces, mejor no hables. Puedo enviarte toda la información que requieras sobre mi persona para que me ataques con el cerebro y no con un ají en el poto. A mí no me gusta lo que haces y ya te dije por qué. Si no te gusta mi opinión, entonces defiéndete con fundamentos, no me ataques con mentiras y golpes bajos. Típico recurso politiquero de mentes mediocres incapaces de argumentar a su favor. Se ven atacados y no se defienden, atacan con las garras y con los ojos cerrados a su propia inseguridad. Bien por ti, Ortiz. Bien por la televisión. Pero a mí no me jodas con tu piconería de fiesta de kínder.

Esta vez sin poesía y sin rimbombancia. Los puntos sobre las íes y tú mantente en tu sitio y métete con quien no sepa contestarte. No escupas al cielo... A ver si eres valiente, lees esta columna ante cámaras (no sólo las partes que te convienen) y me pides disculpas por decir mentiras sobre mí y sobre gente que no tiene que ver con este lío. Pero, hazlo con nivel. Digo, si te acuerdas de cómo se hace eso. Y esto es entre tú y yo, no entre el programa que te da esos minutos, aunque lo critiques, y mi revista. Menos con mi viejo. Desahuevina Forte para ti, tres veces al día. Y alguien que te asesore...

Hasta la próxima. Y busca siempre “El Quinto Pie del Gato”, es bueno ver la vida desde adentro...█

PICONERÍA DE PRENSA

Publicada el 03.11.99

(Solo el párrafo dedicado a Ortiz).

Una notita final para Beto Ortiz: Luego de tu última intervención en relación con nuestra bronca, sólo me queda decirte que no me gusta gastar argumentos ni espacios en tratar de llegar a algo con un tipo que tiene el cerebro para que su cráneo no suene a poto de frijol colado a medio comer. Además, gracias a las tres personas que el destino me ha permitido conocer la semana pasada, las cuales han estudiado contigo en el colegio y en la universidad, entiendo que me equivoqué. Yo pensé que antes fuiste un tipo valioso y que ahora estabas fingiendo un personaje. Pero, con lo que me contaron ellos, me di cuenta de que es al revés. Fue en la época en que hiciste periodismo decente en la que estuviste fingiendo. Con lo que sé de ti ahora debo aceptar ante mis lectores que cometí un error al pensar que entenderías razones. Suerte en tu vida profesional, la necesitarás. Popularidad no es igual a éxito.

Hasta la próxima. Y busca siempre “El Quinto Pie del Gato”, es bueno ver la vida desde adentro...█

viernes, 20 de enero de 2017

La fiscal, su hermana misionera y el Sodalicio

Fiscal María del Pilar Peralta Ramírez interrogó a Figari en Roma (foto: difusión)

Ya todos conocemos a María del Pilar Peralta Ramírez, la fiscal que investigó a Luis Fernando Figari y otros miembros del Sodalicio acusados de cometer los delitos de abuso sexual de menores, asociación ilícita para delinquir, secuestro y lesiones graves. Y no la conocemos precisamente porque llevara adelante una investigación seria, sino porque el lunes archivó la denuncia usando argumentos que gran parte de la población ha rechazado y que han provocado indignación por la sensación de impunidad que deja. En una columna que publiqué hace dos días en Perú21.pe conté algunos detalles de mi experiencia con la fiscal e incluí mis reacciones a su cuestionada decisión.

Ahí cuento que ella habló de una pariente suya que era misionera. En ese momento me pareció una simple anécdota familiar, pero nuevos datos abren sospechas dignas de atención.

La pariente

La fiscal María del Pilar Peralta Ramírez, titular de la 26° Fiscalía Provincial Penal de Lima, tiene una hermana que pertenece a los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús (MCCJ), "congregación religiosa, esencialmente misionera, internacional, presentes en cuatro continentes", según su web oficial de España.

Rosa Peralta Ramírez es una "limeña enamorada de Jesús que se consume en la llama de ese amor tan grande por el prójimo", según el blog Prensa Franciscana del Perú. Y pertenece a la congregación hace casi treinta años.

ACI Prensa y el misionero comboniano

ACI Prensa es la agencia de noticias del Sodalicio. En su web narran así su nacimiento: "Fue fundada el 13 de marzo de 1980 por el misionero comboniano alemán Adalberto María Mohn (+1987), quien estableció un directorio compuesto por laicos católicos. Su director es Alejandro Bermúdez Rosell", un antiguo y muy activo sodálite, como lo reconoce aciprensa.com: "La sociedad de vida apostólica [Sodalicio de Vida Cristiana] fundada en el Perú –a la que pertenece el director de ACI Prensa, Alejandro Bermúdez (...)".
Alejandro Bermúdez,
sodálite y director de ACI Prensa

No habría nada de malo en que su fundador sea un misionero y tampoco que fuera comboniano. Al fin y al cabo, ACI se fundó como un proyecto católico. Sin embargo, cuando fui miembro del Sodalicio nos contaron ahí dentro que poner al comboniano como fundador fue una jugada de Luis Fernando Figari para darle seriedad y una supuesta independencia a la agencia de informaciones que, en realidad, fundó él. Recordemos que el Sodalicio recién recibe la aprobación de la Iglesia el 8 de julio de 1997, de manos de Juan Pablo II.

El exsodálite Martín Scheuch corrobora esto en su blog, en una publicación del 2014 titulada SODALICIO Y ACI PRENSA: REVELACIONES DE UN INSIDER:

"ACI Prensa nació en 1980 como un proyecto sodálite bajo el nombre de ACI (Agencia Católica de Informaciones), siendo su primer director Alfredo Garland Barrón, un sodálite (...). Claro que la figura fue otra. ACI fue presentada desde el principio como una agencia independiente fundada por el P. Adalberto Maria Mohn, misionero comboniano, amigo de Figari y Garland, quien había conseguido el apoyo económico para dar inicio a este proyecto. Lo cierto es que el P. Mohn tuvo siempre una participación mínima en la gestión periodística de ACI, y a su muerte en el año 1987, Figari eligió a Alejandro Bermúdez, otro sodálite, como nuevo director de la agencia".

De Kenia a Roma

Según el blog Noticias Franciscanas del Perú, la misionera comboniana Rosa Peralta radica en Kenia, África, donde ayuda a la comunidad, "en especial a las niñas a seguir estudiando, niñas que han sido víctimas de traficantes sexuales". Supongo que debe ser, entonces, una religiosa sensible a los temas que su hermana fiscal ha estado investigando.

Rosa Peralta en Kenia (foto: Google+)
Desde el 10 de octubre del año pasado, la fiscal María del Pilar Peralta estuvo en Roma para tomar la declaración de Luis Fernando Figari en el contexto de la investigación que archivó hace unos días al no encontrar responsabilidad en los sodálites denunciados.

La misionera Rosa Peralta Ramírez también estaba en Roma en esos días. Cerca de ella. Y de Figari.

La periodista Paola Ugaz, que cubría para lamula.pe las actividades de la representante del Ministerio Público en Roma, y el abogado de los denunciantes, Héctor Gadea, afirman haber visto a la hermana de la fiscal Peralta el segundo día, en el cual se produjo la declaración de Figari. Estuvo dentro del Consulado, que es donde el fundador del Sodalicio acusado de abusos sexuales, físicos y psicológicos fue interrogado por varias horas por la fiscal Peralta. Ya de noche, terminada la diligencia, según cuenta Ugaz, la fiscal tenía antojos de pollo a la brasa "porque dijo que no le gustaba la comida italiana". La fiscal y su hermana salieron juntas.

Esta relación fraternal de la autoridad que investigaba a Figari, verdadero fundador de ACI Prensa, y la cercana amistad del también fundador del Sodalicio con un misionero de la misma congregación a la que pertenece la hermana de la fiscal podría haber influido en la decisión de Peralta. 

Ante esta nueva información, es necesario que el fiscal de la Nación inicie de inmediato una investigación seria. De comprobarse que existe un conflicto de intereses, el siguiente paso debería ser anular todo lo actuado por ella y pedir a otro fiscal que lleve adelante una nueva investigación.

Por lo menos la fiscal Peralta debió ser transparente e informar esto antes de asumir la responsabilidad que le fue encargada. Así el fiscal de la Nación podría haber decidido si ella era o no la persona idónea para este delicado caso.

El Sodalicio y las mandarinas [publicada el 18 de enero en Perú21]

Jose Enrique Escardó: "Le dijeron a medio mundo que era
un mentiroso, que era el anticristo".
La fiscal comía mandarinas parada a un lado de la puerta de su despacho. Hacía ya unos meses investigaba el caso Sodalicio-Figari. Dos días antes había tomado la declaración del superior general, Alessandro Moroni. Yo había decidido por cuenta propia visitarla. Le llevaba unos documentos que desmienten a Moroni. Me preguntó quién era. Le di mi nombre, pero no me conocía. Un rato después me contó que se notaba que Moroni (o el cura Baertl) estaban mintiendo. No recuerdo cuál de los dos. Se acabaron las mandarinas, o las archivó. Tal vez lo último, porque parece que eso hace cuando pela algo por encima y se cansa.
Me habló de una pariente suya que era o había sido misionera. En el África creo. Y me preguntaba por lo que me había pasado en las comunidades del Sodalicio. Apurado, resumí algunas cosas que escribí en mis columnas del año 2000. Abría los ojos, primera noticia para ella. Le conté también lo que se lee en el libro Mitad monjes mitad soldados, en el que uno de los primeros capítulos se titula “Escardó, el primer denunciante”. Y hay otro en el que cuento los abusos que sufrí en el Sodalicio. La fiscal respiraba hondo. No sabía. O sea, no había leído el libro cuya publicación motivó que, meses atrás, el fiscal de la Nación le pidiera que investigue a quienes son calificados ahí como victimarios. Me dijo que no iba a pasar nada porque el delito de abusos sexuales ya había prescrito. “Eso pasó hace más de 20 o 30 años”. Pero que por algo Dios la ponía en esas circunstancias. Que no era la primera vez. Ya había actuado en el caso de un cura que le trajo muchos problemas. Pero era su deber.
Este lunes archivó las denuncias. Como si fueran mandarinas. Moroni o Baertl ya no eran mentirosos. Desde el lunes lo eran los hermanos López de Romaña, Óscar Osterling y Pedro Salinas. Y yo también, aunque “se olvidó” de poner mi nombre en el comunicado. Tal vez porque dice que éramos mayores de edad cuando entramos al Sodalicio. Y eso es mentira. Porque yo hice promesa de Aspirante (ingreso formal al Sodalicio) el 8 de diciembre de 1986. Mi cumpleaños es el 9 de noviembre. O sea, casi un mes después de cumplir 17 años, ya era un sodálite de verdad. Y entré a comunidad a los 18 años recién cumplidos, eso sí. Pero la solicitud (con entrevista personal incluida) la presenté a mediados de 1987, cuando aún tenía 17 años, después de haberme lavado el cerebro desde sexto de primaria. Figari me puso en la lista de los elegidos cuando era menor de edad. Y Germán Doig intentó abusar sexualmente de mí en su oficina del Centro Pastoral de San Borja ese mismo año.
Tal vez “se olvidó” de poner mi nombre porque su comunicado dice que no tenemos problemas psicológicos causados por el Sodalicio. Y tal vez ella sabía que, hace varios meses, Ian Elliott, el irlandés experto en abusos contratado por el Sodalicio, concluyó que soy una de las víctimas y que necesito terapia. Voy desde hace cuatro meses y el Sodalicio la paga. Pero la fiscal dice que archiva porque no hay daño psicológico.
La fiscal no puede afirmar que fui víctima de lesiones psicológicas porque soy un hombre de “éxito”. Sí, por eso . Así de simplón. Pero los psicólogos que vieron a los cinco denunciantes y presentaron un peritaje de parte dicen lo contrario. Salinas ha contado que es porque uno de ellos conoce el caso. Con esa lógica, nadie nos podría hacer un peritaje psicológico. Es que esos peritajes no hablan de hombres de éxito, porque el éxito no solo tiene que ver con lo laboral, señora fiscal. También es haber logrado recuperar la confianza en los demás que se llevó los abusos, no haber perdido el rumbo en la vida, tener una relación saludable con la familia, los amigos, la pareja y todo nuestro entorno. Y mi peritaje de parte dice que no he podido conseguir eso, que tengo serios problemas. Pero la fiscal no lo aceptó. Y tampoco pidió que se reemplace con uno del psicoanalista que me ve desde hace cuatro meses, una vez por semana, pagado por el Sodalicio.
Tal vez por eso “olvidó” mi nombre en su comunicado. Porque para ella no soy nadie. Como no lo soy para Luis Fernando Figari, para quien no existo. Como no lo soy para el Consejo Superior del Sodalicio. Como no lo soy para quienes me arruinaron la vida cuando estuve en sus comunidades y en los últimos 16 años, desde que los denuncié públicamente. Porque le dijeron a medio mundo que era un mentiroso, que era el anticristo, que era un enfermo. Que esa era la versión que todos los vinculados al Sodalicio debían dar. Así, como quien pela una mandarina.

jueves, 28 de abril de 2016

Predicciones sobre la sentencia vaticana a Figari y el Sodalicio


Lo que sigue es la sentencia. Y ya viene. Ya lo sabíamos quienes impulsamos este caso. No teníamos segura la fecha, como no la tenemos aún. Pero algunos miembros del Consejo Superior lanzaron un video ayer en el cual el teleprompter nos decía, mientras sus mandíbulas se movían a su compás, que están en Roma esperando la sentencia de la Santa Sede.

Como primer denunciante del Sodalicio, estoy a la espera de lo que pasará. Aunque sé que no pasará nada. Eso está claro.

¿Por qué lo digo? Pareciera que soy pesimista, pero no, soy realista o, como diría Luis Fernando Figari, guardo un optimismo realista...

En el pasado, la Iglesia ha actuado con mano blanda en varios casos similares -algunos peores- que los de Figari y el Sodalicio. Así que, en base a la jurisprudencia vaticana, me atreveré a hacer de pitoniso y les contaré lo que creo que pasará en las próximas horas, cuando el Vaticano suelte la sentencia.

Luis Fernando Figari
1. Luis Fernando Figari, como otros fundadores o superiores, será separado o expulsado del Sodalicio porque su imagen contamina su futuro. Con esa separación se cumple el deseo del propio Sodalicio y el Vaticano le da un espaldarazo a la institución para que los católicos del mundo vean la "buena voluntad" de los líderes actuales del SCV y su intención de "cambiar".
2. Figari no será desamparado por la Iglesia, a la cual sirvió "fielmente" por más de 40 años. Será mudado a un convento o comunidad de retiro en Roma, auspiciado por algunos mecenas personales o de la propia Iglesia. Le pedirán, como lo hicieron con los pederastas Marcial Maciel (México) y Fernando Karadima (Chile), que medite y ore el resto de sus días. Y así no lo dejan a merced de la justicia peruana, la cual quedará de brazos cruzados. En este punto tal vez me equivoque, pero no mucho. Lo que pasa es que Figari no es cura, es un laico, así que hay una microscópica probabilidad de que sean un poco menos protectores con él. Veremos.
3. El Vaticano enviará a Lima un prelado, el cual revisará la situación actual de la institución. Lo más importante primero, por supuesto: cuánta plata hay y cómo se puede usar eso en beneficio de la Iglesia. Ese prelado permitirá que las actuales autoridades, involucradas también en los delitos de Figari y algunos con denuncias directas, lo ayuden para lograr una transición que sirva a los fines del Vaticano. Los que conocen la institución son ellos, así que sacarlos sería una movida improbable. Por lo menos hasta que el prelado se empape de lo necesario para darle el control al Vaticano. (Este post estaba siendo redactado cuando el actual superior del Sodalicio confirmó esta predicción desde Roma, así que va una).
4. Las investigaciones internas del Sodalicio continuarán un tiempo y sacrificarán a dos o tres abusadores para darles gusto a las víctimas. Y ahí quedará todo hasta que entren nuevas autoridades.
Moroni, el superior que conduce el cambio,
también ha sido denunciado por abusos físicos y psicológicos.
5. Las propiedades y los negocios serán asegurados por el Vaticano para que, si surge algún nuevo problema en el futuro, pasen a manos de la Iglesia.
6. No habrá reparación para las víctimas. La política de la Iglesia, y así lo adelantó el cardenal Juan Luis Cipriani hace unas semanas, es no dar crédito a las denuncias de abuso porque la alta curia considera que personas que no han sido abusadas pueden intentar lucrar, como ha sucedido en el pasado. Por ese motivo, las verdaderas víctimas no acceden a ayuda de la Iglesia y, en este caso, del Sodalicio. Y, como la vía judicial está agotada debido a la prescripción de los delitos de Figari, no habrá ninguna presión externa para indemnizar a los dañados por el Sodalicio y su cúpula de abusadores. Lo máximo que harán es llamar a las víctimas y pedirles perdón en persona y negociar un silencio mediante la firma de algún documento que impida que hablen más del tema en el futuro. En el pasado, la Iglesia ha usado dinero para comprar el silencio de algunas víctimas de abusos sexuales.

Así quedarán las cosas. Más o menos.

Esperemos para ver cuánto acerté o cuánto me equivoqué. Espero que sea lo último. Espero sentado, eso sí.

miércoles, 6 de abril de 2016

Las disculpas del Sodalicio

Sí, ayer me quebré cuando supe que el fundador, Luis Fernando Figari, había sido declarado culpable de los abusos físicos, psicológicos y sexuales que se le imputan y persona no grata por el Sodalitium Christianae Vitae (SCV). Y lloré más de una vez porque pensé que eso jamás pasaría. Estuve horas como zombi, como pisando nubes de algodón, como pepeado por los analgésicos naturales que desarrolló mi cuerpo para paliar el dolor de estos quince años de guerra cruenta contra los abusos y mentiras del Sodalicio.

Pero eso no significa que, después del impacto inicial de la sentencia sodálite, me iba a comer el cuento.

¿Qué pienso del videocomunicado de Alessandro Moroni? Pues que, así, solito, no sirve de nada. A los sobrevivientes no. De nada. Nada de nada. Ni un carajo, para que les quede claro.

¿Por qué?

Deshuesaré mi opinión en los mismos tres puntos que presentó el superior general en su videocomunicado de mea culpa.


1. Perdón. Por más que Moroni haya repetido esa palabra casi una decena de veces, el perdón no se pide leyendo un guion pegado a una chuleta al lado de una cámara e interactuando con un título pegado en postproducción al lado opuesto de la pantalla. El perdón se pide mirando a los ojos, asumiendo la culpa y la vergüenza cara a cara. Cualquier otra cosa es un fraude, pura cobardía, una rosquetada para llamarla como llamaba Figari a nuestras debilidades. Yo no perdono a Moroni ni a la cúpula del SCV. No, así no.


2. Separación. Luis Fernando Figari vive en Roma, en una comunidad del Sodalicio, en una propiedad privada de la institución que él fundó y que ayer supuestamente le jaló la alfombra. Si Moroni sentenció que el Sodalicio declara a su fundador culpable de las acusaciones y persona no grata, el siguiente acto, el inmediato, debió ser cerrar las puertas de esa comunidad, cortar sus fondos, mudar a los demás miembros que viven con Figari a otro lugar y dejar a Luis Fernando con sus maletas patitas en la calle. Si Figari sigue comiendo, durmiendo y usando el teléfono para coordinar con su abogado satánico en ese lugar es porque el Sodalicio sigue dándole los fondos necesarios en lugar de cerrarle el caño ipso facto. ¿De qué separación estamos hablando entonces? Ah, ya... Moroni dijo que es una "condena moral". O sea, floro. Y después, en jugada eclesial maestra, le tira la pelota en cruz al Vaticano para que expulse a Figari. Es que, por si no lo sabían, según el estatus legal del SCV ante la Santa Sede, ellos dependen de las decisiones papales para este tipo de movimientos. Ajá. Figari seguirá viviendo en una propiedad del Sodalicio, con plata del Sodalicio y con asistentes del Sodalicio hasta que el Vaticano le diga a Moroni que le diga chau. Si lo dice, claro está. Otro punto (que seguramente dará lugar a un próximo texto en este blog) es que Figari no es el único que debe ser separado. Hay una larga lista de nombres de sodálites abusadores y depredadores que los distintos denunciantes hemos ido revelando a lo largo del tiempo: monseñor José Antonio Eguren (arzobispo de Piura) el padre Jaime Baertl, Oscar Tokumura, Alfredo Draxl, Javier Leturia, el padre Luis Ferroggiaro y otros más que pueden encontrar gugleando. Casi todos ellos están en el Perú, así que no pueden esconderse como Figari. Por ahora.


3. Reforma integral. Dice Moroni que asumen los errores y pecados del pasado. Bueno, pues, esos "errores" o "pecados" son delitos y tienen víctimas. Uno asume los errores cuando toma acciones concretas para corregir (en lo que se pueda) sus consecuencias. Nada de eso se dice en el videocomunicado. O sea, pecado de omisión. Suave. Dice también que están dispuestos a aceptar la penitencia que les permita obtener el perdón de Dios, su familia y etcéteras. La penitencia, como bien saben ellos, no solo consiste en rezar. Hay que actuar. Y la acción que esperamos los sobrevivientes del Sodalicio es una reparación personalizada. No queremos que nos envíen a una casilla postal un sobre con mil soles o un millón de dólares a cada uno y que nos hagan firmar un recibo. Queremos que nos llamen. Queremos que nos miren a los ojos. Queremos que nos pidan perdón frente a la comunidad. Todo el Consejo, no un representante. Y que se interesen en cada caso, porque cada sobreviviente necesita algo distinto según la magnitud del daño que le han ocasionado. Si quieren construir un nuevo Sodalitium, deben hacerlo sobre suelo plano y limpio, no sobre los restos pútridos de un cementerio maloliente que esconden debajo del sótano mediático. Solo así podrán escribir una nueva historia, como lo anuncia Moroni al final del video.

Eso es lo que espero como sobreviviente del Sodalicio luego de este anuncio, que, si no se materializa en acciones, terminará siendo una estación más en el Vía Crucis de abusos y una cuenta más en el rosario de mentiras con el que siguen burlándose de quienes merecemos más que estos 4:05 minutos de YouTube:




lunes, 29 de febrero de 2016

¿Por qué es importante para el Perú que Spotlight haya ganado el Óscar?



En los últimos meses, a raíz de la publicación de la impecable investigación periodística "Mitad monjes, mitad soldados", de Pedro Salinas en colaboración con Paola Ugaz, se ha destapado en nuestro país una caja de Pandora nefasta.

El Sodalicio de Vida Cristiana (SCV) resultó ser una organización diseñada por su fundador, el laico peruano Luis Fernando Figari, para abusar física, psicológica y sexualmente de cientos de menores de edad y jóvenes de buena voluntad que eran reclutados por él y sus seguidores.

Luis Fernando Figari
debe afrontar sus denuncias en el Perú
La prensa ha abundado en detalles sobre lo que sucedía al interior de estas casas y las víctimas del Sodalicio y Figari seguimos pidiendo justicia. Pero el Ministerio Público no ha hecha nada visible a pesar del tiempo transcurrido y se escuda en que las víctimas no se han acercado a denunciar. Siendo yo una víctima de abuso psicológico y físico de Figari y el Sodalicio, y luego de quince años de venir denunciando los abusos sufridos, que han sido reconocidos como reales en privado y en público por varios jerarcas del Sodalicio, no pasa nada.

El proceso electoral en el que nos encontramos ha conseguido lo que el Sodalicio buscaba: que pase la ola para ellos y que la gente y la prensa olviden las gravísimas denuncias en contra de los depredadores y abusadores que aún viven en las comunidades sodálites. Empezando por Figari, que goza de protección del propio Sodalicio y del Vaticano en una fastuosa residencia ubicada en Roma. Figari, acusado de por lo menos cinco abusos sexuales y de decenas de abusos físicos y psicológicos, vive tranquilo gracias al dinero del Sodalicio y sus múltiples negocios, a los que nadie ha intervenido ni siquiera para iniciar una investigación a pesar de las denuncias.

Anoche ganó Spotlight (presentada en español como "En primera plana"), película que narra los hallazgos reales de un grupo de investigación periodística del diario The Boston Globe con relación a abusos sexuales cometidos en esa ciudad por miembros del clero y el encubrimiento sistemático que por décadas montaron altas autoridades de la Iglesia católica, entre ellas el cardenal Bernard Law, quien hoy (y no es coincidencia sino modus operandi) vive en Roma protegido por el Vaticano. El papa Francisco lo tiene ahí, en paz. Como a Figari. Como Juan Pablo II protegió a Marcial Maciel y a otros depredadores sexuales paridos por las entrañas de la Iglesia. Sí, San Juan Pablo II, el papa viajero, nombró a Law arcipreste de la Basílica de Santa María la Mayor. Y lo nombró conociendo todas las denuncias en su contra.

El cardenal Bernard Law encubrió más de 5000 casos de abuso sexual 
y hoy vive en Roma al amparo de la Iglesia (foto: http://www.telam.com.ar)

Ni Francisco hace nada, ni las autoridades peruanas hacen nada. Mientras tanto, las víctimas luchamos solitaria e incansablemente con lo que podemos para que se haga justicia. Y no se hace. Como no se hizo con las decenas de víctimas de los curas pederastas que recoge la investigación del grupo Spotlight, sobre el cual se hizo la película ganadora del Óscar.

Los peruanos debemos aprovechar esta visibilidad que le otorga la Academia a una película sobre miles de abusos sexuales cometidos por el clero católico en Boston para exigir a nuestras autoridades que sean serios en su investigación. Recuerden que hay cientos de abusados en nuestro país que esperan justicia, como la espera hasta hoy quien fuera un niño de cuatro años violado por un cura al que Law encubrió junto con otros 5000 casos de abuso sexual en la Iglesia.

Spotlight no es una película más que gana el Óscar. Spotlight no es ficción. Spotlight es un hito histórico que muestra que el mundo ya no le teme al Vaticano y es capaz de aplaudir a quienes tienen la valentía de hacer evidente su falta de escrúpulos con las miles de víctimas que cargan la cruz de haber sido despellejados de su fe por un pene clerical.

Pero, no basta con aplaudir, ahora hay que hacer.

Puedes leer todo lo que se ha escrito en este blog sobre el caso Sodalicio y Luis Fernando Figari en este enlace.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Lo que defiendo en estas y todas las elecciones (por si a alguien le importa)


No suelo hablar de política, ya que mi interés primordial en la vida va por otros rumbos. Sin embargo, en estas fechas, es inevitable hacerlo. Siempre he sido claro sobre mi postura ante el voto obligatorio. Creo que es una falla del sistema democrático. El voto voluntario es, para mí, un requisito ineludible en una sociedad que se jacta de ser una democracia en todos sus extremos. Obligar a la gente a votar -no importa con qué excusa o estudio o justificación sociológica o psicológica- me parece una manera de perpetuar la ignorancia y la elección de autoridades mediocres que no deben hacer ningún esfuerzo para convencer a un pueblo que no muestra interés en propuestas, sino que se ve obligado a votar para evitar una multa que la mayoría no puede pagar porque dejaría de comer uno, dos, tres o más meses. 

Es fácil sonreír o dar dinero o prometer ayuda o regalarle a alguien un polo o un gorro que le servirá para evitar comprar los que necesita para enfrentar las inclemencias del clima y con eso obtener un lugar en el top of mind del elector que decide en la cola mientras conversa ligeramente con los demás sobre "¿por quién vas a votar?". La esencia del fracaso de nuestro sistema democrático es que no es democrático desde su primera premisa: el voto voluntario. Es por ello que, elección tras elección, como no puedo ejercer la opción de no ir a votar si no me convence ningún candidato y no quiero sentirme obligado a endosarle a nadie mi confianza ni votar por el mal menor, tomé la decisión libre, democrática y constitucional de expresar mi disconformidad con el voto obligatorio viciando el mío. Y eso también es democracia. Tener la potestad de no apoyar a nadie en las elecciones porque no apoyo el sistema fallido que lo pondrá al mando de nuestro país. Mientras no se elimine el voto obligatorio no le regalaré mi voto a nadie que no me convenza como se debe convencer a un pueblo que se respeta y al que se quiere servir, no del cual uno se quiere servir al llegar al poder. Si me siguen en mis redes sociales, en especial en Twitter, verán que no les será fácil identificar si apoyo o no a algún candidato en particular y serán testigos de cómo me regalo la oportunidad de señalar lo bueno o -con mucha más frecuencia- lo malo, de cualquier postulante, ya sea al Congreso, la Alcaldía o la Presidencia, según el proceso en el que estemos. Claro, siempre habrán personas con medio cerebro que lean una publicación mía de 140 caracteres criticando a alguien y, solo con ella, asuman que esa es mi posición universal frente al proceso electoral y sus participantes. Pero ese no es mi problema. La incapacidad de ver más allá de sus rodillas es rollo de cada uno. Así que, si me lees criticar a alguien o aplaudir a otro en estas semanas previas a las elecciones, sea candidato al Congreso o a la Presidencia, no te hagas ilusiones. No significa que votaré por tu candidato preferido ni que estoy atacando al que odias. No votaré por ninguno. Y esa decisión no tendrá que ver con ese candidato ni con lo que tú, los medios o las redes sociales tengan que decirme sobre él. Tiene que ver con una postura frente a un sistema que le da el mismo valor al voto de un ciudadano informado que al de alguien que leyó un meme o recibió un polo o tomó su decisión por la cantidad de personas a su alrededor que votarán por el mismo que él. Todos tenemos el mismo derecho a votar y eso no lo pongo en duda. Pero todos tenemos también el derecho a no votar, y ese es un derecho secuestrado en nuestro país. Y mi vía para expresarlo, por el momento, es votar viciado. P. D. Si aún crees que el voto viciado termina apoyando al candidato ganador o algo así, te invito a leer un post que escribí hace unos años sobre ese mito de marras.

miércoles, 27 de enero de 2016

Draxl, el deformador

Alfredo Draxl al lado del actual superior general
del Sodalicio, Sandro Moroni

San Aelred era una comunidad sodálite que quedaba a un par de cuadras del cruce de las avenidas Brasil y Pershing. Corría el año 1987 y unos diez muchachos recién salidos del colegio e integrados al Sodalicio un año antes recibíamos de Luis Fernando Figari la gloriosa oportunidad de pasar un mes de prueba en la emblemática comunidad.

Figari bautizó como "formadores" a los que no eran superiores de la casa, pero tenían el encargo específico de probar durante un mes a los aspirantes a la reclusión comunitaria que desembocaría en la cloaca del terror de San Bartolo. El formador al que se nos encargó no me era desconocido. Había sido mi profesor de Filosofía y Lógica en mi colegio en cuarto o quinto de secundaria (se me confunden las fechas porque entre sexto grado de primaria y quinto de media tuve varios profesores sodálites, entre ellos Alberto Gazzo, Raúl Masseur, Jorge Cuervas y otros más cuyos nombres se esfumaron de mi mente tal vez por asepsia.

Recuerdo a Alfredo Draxl como un ente pálido, citripiesco en su manera de andar y gesticular, de mirada gélida y sonrisa vampírica (tanto en lo misteriosa cuanto en lo hipnótica). Una mirada de Draxl era la fusión definitiva entre pavaso e hijo de puta. Ya me había predicado cuando me tuvo como alumno, ahora le tocaba desollarme y evaluar si era apto para mudarme a una comunidad sodálite. Él reportaba directamente con Figari, sin intermediarios ni estorbos. Y Figari, como siempre y como en todo, era quien finalmente alzaba o bajaba el dedo.

Draxl era tan cálido como el hielo seco. Tal vez por eso Figari lo premió con tan alta responsabilidad. Era el Vlad Draculea Tepes del Sodalicio ese noviembre-diciembre del 87.

Se la agarró conmigo. Puede ser que por encargo de Figari, puede ser que por propia decisión, puede que por una mezcla de ambas.

Uno de los primeros castigos que recibí de Draxl fue una mañana, muy temprano. Parte de nuestra rutina diaria era salir a correr por la Brasil, pasando por Pershing y la residencial San Felipe y llegando a San Isidro. Ida y vuelta. Sin parar. Sin importar si en el colegio habías desaprobado Educación Física (mi caso). Y, como supondrán, yo era el último de la manchita de maratonistas improvisados por Draxl para servir como mitad monjes y mitad soldados a Figari y su misión de reevangelización del mundo.

Draxl iba detrás del último con una delgada rama de árbol de más o menos 80 cm. Alzaba la rama amenazando con golpear la corva (la parte trasera de la rodilla, en la curvita) del rezagado. Su sonrisa cuando golpeaba no se escondía bien detrás de su agitada respiración. Y a mí me cayeron varios de esos golpes en el mes de prueba en San Aelred. Y cómo ardían. El primero fue el que más dolió. Creo que fue en mi segundo día ahí.

No recuerdo el motivo por el que me hizo dormir en la escalera casi todo el mes que pasé en la comunidad. Porque, eso sí, los castigos, aun cuando fueran absurdos, nunca eran caprichosos. Creo que porque no enchufé la refrigeradora una noche y la cocina amaneció encharcada. No sé si fue por eso. Lo que sí recuerdo es que por lo de la refri sí recibí otro castigo, que era escribir mil veces "No debo dejar la refrigeradora desenchufada". Las mil con la misma letra. Y entregar las hojas antes de que se despertara al día siguiente. O sea, toda la noche escribe que escribe, sin dormir.

Volviendo a mi lugar asignado para dormir. San Aelred era una casona antigua. Y la escalera era fría, de mármol o algo parecido. Blanca. Lisa. Con barandas de fierro y madera. Sé que se la imaginan. Ahí era donde debía invocar a Morfeo cada noche durante casi un mes. Encorvado, partido, tratando de buscar una posición que me permitiera conciliar el sueño por algunas horas. Pero nada de colchonetas o frazadas debajo. Pijama nomás entre el cuerpo y los helados escalones. Podía taparme con una frazada, eso sí. Y en esos gélidos y duros escalones era donde escuchaba la voz de Draxl cada mañana, antes de las seis: "¡Mitad monjes!". Y de ahí salía mi confirmación de que ya estaba listo para empezar la jornada: "¡Mitad soldados!".

Una noche, y esto ya lo conté en una de mis columnas del año 2000, me tocó hacerme cargo de servir la cena. La etiqueta sodálite dictaba que todo lo salado debía ser retirado de la mesa antes de traer el postre. Pues los dos que estábamos a cargo esa noche nos olvidamos de sacar el kétchup y la pimienta. Y, piña pues, debíamos pagar echándole al arroz con leche pimienta (el otro formando castigado) y kétchup yo. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis platos de postre con kétchup. Eso me tocó. Hasta casi casi vomitar. Y Draxl se vacilaba, a lo Vlad. Sería la excitación que le producía el color rojo.

En otra ocasión, me olvidé de echarle llave a la capilla donde estaba el Santísimo, la hostia consagrada. Me cayó la puteada del año. Es que la hostia es Jesús, dice la Iglesia, y dejarla a disposición de profanadores nocturnos era el peor de los pecados. Así que Draxl debía castigarme y convertirme en ejemplo. Para que la comunidad aprenda. Y para que yo me redima. La expiación por tal pecado fue que debía quedarme cuidando la puerta de la capilla todas las noches durante una semana. Y la consigna era que, si alguien se despertaba en cualquier momento, debía bajar para asegurarse de que yo estuviera de pie frente a la puerta de la capilla. Prohibido sentarme, prohibido cabecear, prohibido moverme. Así, parado, toda la noche. Fue la única semana en la que me libré de la escalera. Pero no por piedad, sino porque no dormí. Algo leí hace poco sobre los peligros de no dormir varios días seguidos. En ese momento no lo sabía. Pero daba igual. Si Draxl lo pedía, se hacía.

Lo del arroz con leche con kétchup no fue castigo suficiente por no haber seguido la reglas sodálites del charm. Había que ser más drásticos. Mitad soldado pues. Quebrar al aspirante, doblegarlo, volverlo en un cordero de Dios, destruir su autoestima, reventarlo, hacerlo recordar su error para siempre. Así que la otra penitencia fue diseñada para grabar en mi recuerdo que no debo dejar el kétchup en la mesa. Una semana de ayuno. Solo lechuga y agua. Ni Pérez Albela. La misma cantidad de ejercicio que el resto, la misma cantidad de horas de estudio y oración, pero solo con hojas verdes y H2O. Aquí es donde entra otra figura conocida del Sodalicio: el entonces "cura gordo"y hoy arzobispo de Piura y Tumbes, José Antonio Eguren. Nos visitó, con sus cachetotes y su prédica. Desayunó con nosotros. Simpático como él solo, rebotando con sus propios chistes. Se sentó a mi lado, empezó a preguntarnos cómo nos iba con las pruebas. Me miró y notó que no había pan en mi plato. Y en mi vaso no había jugo, solo agua. ¿Qué pasó Jose Enrique? Bla, bla, bla con la historia del kétchup, la lechuga y el agua. Mientras yo hablaba, Eguren se preparaba un pan tolete con mantequilla y mermelada de fresa. Draxl lo miraba con esa mueca ansiosa de que algo feo/bacán pasara. Y el cura me dijo: "no te provoca, mmmmm, qué rico". Su pan era un dron listo para atacar mi cara. Lo hacía bailotear tan cerca como para sentir el delicioso olor de la mezcla de la mantequilla y la mermelada que chorreaba del pan recién traído de la panadería, calentito. Se lo llevó a la boca y su mordisco hizo que las fresas dulces cayeran por el otro lado del pan hacia el plato. Era como Eucaristía para un excomulgado. Y el cura se rió. Y Draxl también, más solapa, de lado, como sonreía siempre. Y siguió el desayuno. Mi lechuga y mi agua me recordaron que debía mantenerme ascético, fuerte y comprometido con el Plan de Dios que Luis Fernando nos estaba enseñando a llevar adelante.

Nos juntábamos todas las noches, después de la cena, en la cocina de San Aelred. Nos preparábamos café estilo Draxl (porque nos había enseñado que ESA era la forma de tomar café). Una cucharadita de Nescafé, una o dos de azúcar, un chorrito de agua recién hervida, batir y batir hasta que se pusiera espumoso y luego completar con agua y tal vez un poco de leche. Cada noche había una dinámica distinta. Todas terminaban con uno o más de nosotros golpeado o llorando. O las dos cosas. A veces tocaba a Draxl hacer que alguien llore o a veces nos encargaba que fuéramos nosotros los que destruyéramos el "hombre viejo" de alguno de nuestros compañeros. Ya sea en una competencia de "a ver quién puede golpear al otro en la barriga hasta que ya no aguante" o "hay que enfrentar a tal con sus traumas". Conté en mis columnas del 2000 cómo uno de los compañeros nuestros de comunidad tenía un complejo terrible con sus grandes orejas y su protuberante nariz. Además de andar con el pantalón subido hasta la mitad del abdomen y otras características típicas del pavo entre chicos recién salidos del colegio. Y así, Draxl nos ordenó enfrentarlo con sus miedos. Nos tiramos encima de él, le jalamos las orejas y la nariz hasta que la irritación coqueteaba con el sangrado, y, luego, a tomar plumones gruesos y pintarle la cara con todos los sinónimos posibles de tarado y ganso y etcéteras. Eso sí, él debía oponerse, resistirse con todas sus fuerza, luchar hasta el final. A modo de colofón de esta actividad benévola, debía mirarse al espejo y leer cada palabra en voz alta. Lloró, a mares, como no creo haber visto llorar a un hombre nunca. Draxl luego dio una charla explicando las consecuencias positivas del ejercicio según este u otro psicólogo y prometiendo que nuestro compañero ya no sería el mismo desde ese día. O sea, para mejor. Porque para peor sí lo fue. Y otras noches otras cosas así más o menos. Todos lloramos más de una vez. A veces por uno mismo, a veces por ver llorar a uno de los nuestros.

La casa donde hasta hace poco estuvo la
comunidad Nuestra Señora de Guadalupe, hoy abandonada y en venta.

Estudiábamos en una sala minimalista acondicionada para tal fin. Cubículos de madera, uno por cada habitante, un escritorio, una lamparita negra y uno que otro cuadrito de algún pasaje de la vida de Jesús (el Señor Jesús, como le decíamos los sodálites). Una tarde, Draxl apareció por detrás, sin aviso, y me puso una cuchilla suiza a lo largo en el cuello. "Empuja", me pidió sin que tiemble su voz. El "no" con el que respondí era, en la cosmología de Draxl, un escupitajo a la sacrosanta obediencia, el eje de la ideología sodálite. Se alejó unos metros, le puso la cuchilla en el cuello a mi compañero de la derecha y le dijo: "empuja". Y él empujó. "Así se hace, como él, mira Escardó, no seas cabro". Y regresó. "¡Empuja maricón!". Intenté, pero no pude y el miedo me robó unas lágrimas. "¡Párate rosquete!", gritó frente a todos. Esta vez dirigió la punta en mi dirección. Mientras me predicaba sobre la obediencia a Dios a través del Señor Jesús con el ejemplo del fiat de nuestra madre Santa María Virgen y la entrega de Luis Fernando al Plan de Dios como intermediario nuestro ante la Santísima Iglesia y el Santo Padre representado por Alfredo Draxl en esa comunidad o algo parecido en otro orden, iba clavando la cuchilla en mi pecho y en mi abdomen al ritmo de cada sílaba de su prédica. Luego del show, me llevó a la salita de la entrada de San Aelred, cerró la puerta y me hizo pedir perdón de rodillas mientras besaba los pies de una estatuilla ayacuchana de la Virgen María que cargaba con cierta dificultad, pero sin ningún tremor, con ambas manos. Y que Luis Fernando, y que la obediencia, y que él era el representante, y que yo era un cabro, y que así no viviría nunca en comunidad, y así quince minutos o más.

Pasaron muchas otras cosas. Algunas casi no las recuerdo, otras no sé si me pasaron a mí o a otros. Lo que aquí cuento es lo que más me marcó en ese mes en San Aelred.

El último día, creo que era el 24 de diciembre al mediodía, cuando todos regresaban a sus casas, yo no lo haría. Había pedido permiso para pasar Navidad en la casa de Luis Fernando, en Santa Clara, frente al Hotel El Pueblo. Y me lo dieron. No cualquiera iba. Tenías que vivir en alguna de las comunidades. Era un honor. ¡Wow! Pero, mientras todos se iban despidiendo, cargando sus maletas, Draxl tenía un último plan para mí.

"Anda lava los baños", me dijo. Agarré los guantes, la esponja, el detergente y todo lo demás para cumplir con la orden. El baño de San Aelred era como el de un centro comercial, con varios inodoros separados por paredes de metal. Impecable, nuevecito. Cuando ya estaba por limpiar el último wáter, Draxl apareció para supervisar mi avance. "No le eches detergente a ese último, solo sácale la suciedad con la esponja y no jales. Me avisas cuando esté listo". Y así fue. "Ahora sácate los guantes y lávate las manos con esa agua, ahí mismo, arrodillado frente al wáter". No me pareció nada extraño, peores órdenes había recibido ese mes. Así que lo hice sin chistar. "Ahora te voy a pedir algo que puedes o no hacer, depende de ti". Escuché. "Si no lo haces, evaluaré tu paso por San Aelred como el de todos los demás y veremos si el saldo consigue que entres a vivir definitivamente en comunidad". Sonaba justo. "Pero, si lo haces, te aseguro que eso bastará para decirle a Luis Fernando que pasaste tu mes de prueba y en abril entras a San Bartolo de todas maneras". Buena oferta. Lo miré. No tenía miedo. Era mi prueba máxima. Yo quería ser un sodálite de comunidad. Quería que Luis Fernando me aceptara. Quería cambiar el mundo. Quería ser santo. Quería ser un signo de contradicción. "Lávate la cara con el agua sucia del wáter". Lo miré, puse en una balanza el asco y el éxito, cerré los ojos, tomé una buena cantidad de agua entre mis manos y me la eché en el rostro. "No pues, así no, lávatela bien", me dijo el representante de Luis Fernando, el fundador, nuestro modelo a seguir, el santo vivo que sabía qué era lo mejor para nosotros. Metí mi cara al wáter y me la lavé como Dios manda. Como el Dios del Sodalicio manda. No lloré esa vez. Había llegado adonde quería. En mis 18 años de vida recién cumplidos no había logrado nada grande. Ese wáter era como una nueva pila bautismal que me hizo entrar en el reino de los pocos elegidos de Luis Fernando. Tomé una toalla, me sequé, miré a Draxl y él sonreía. Frío pero satisfecho. "Ahora sí jala el wáter y anda báñate. Bienvenido a San Bartolo". Y cumplió con su compromiso. En abril me mudé a Nuestra Señora de Guadalupe.

Alfredo Draxl fue director del colegio San Pedro hasta diciembre del 2015. Ha sido reemplazado estratégicamente por un desconocido llamado Francisco Saguier.

El escándalo del Sodalicio motivó reclamos de algunos padres de familia del San Pedro que, junto al Villa Cáritas de mujeres, son los dos negocios sodálites más grandes de nuestra capital, además de sus cementerios Parque del Recuerdo y su parroquia de Camacho, Nuestra Señora de la Reconciliación (sí, la de los matrimonios más fichos y caros de Lima).

Lástima que Draxl ya no sea director del San Pedro para que le toquen la puerta y le pregunten por mí y las razones por las que ya no está en ese cargo. El Ministerio Público debería citarlo para que responda en el caso de los abusos cometidos por Luis Fernando Figari y otros líderes del Sodalicio.

miércoles, 13 de enero de 2016

Respuesta a la carta de Luis Fernando Figari, fundador del Sodalicio

Luis Fernando Figari, fundador del Sodalicio
y del Movimiento de Vida Cristiana (MVC)

Hace unos minutos, el periodista Pedro Salinas ha dado a conocer una carta remitida, desde su exilio dorado en Roma, por el fundador del Sodalitium Christianae Vitae (SCV), el laico peruano Luis Fernando Figari, acusado por más de treinta personas de abusos físicos, psicológicos o sexuales.

En mi calidad de afectado y primer denunciante de los abusos en el SCV, le responderé aquí.

Luis Fernando:

Empiezas tu carta afirmando que te diriges a la Familia Sodálite debido a los "señalamientos, desinformaciones y maltratos que se han dado a conocer sobre mí". Efectivamente, has sido señalado desde el año 2000 como la persona que creó y dirigió una institución religiosa en la que se cometieron abusos físicos y psicológicos, y desde el 2010 como un agresor sexual y encubridor de otros abusadores, entre ellos Daniel Murguía, Jeffrey Daniels (mi excompañero de comunidad en San Bartolo) y tu difunto sodálite modelo, Germán Doig (mi ex director espiritual). 

Desinformaciones dices. Si no has sido un abusador, como se ha informado a partir de tres decenas de testimonios, entonces no deberías enviar cartas privadas, sino salir a los medios, dar la cara, como el macho alfa sodálite que siempre quisiste que creyéramos que eras, y desmentir con tu voz las acusaciones en tu contra, no usando a títeres incondicionales. 

"Maltratos" llamas a que la opinión pública peruana e internacional lea y escriba oraciones en las que tu nombre está en el sujeto y los verbos abusar, violar, tocar, penetrar, pegar, gritar, quemar, manipular, esclavizar, destruir y denigrar están en el predicado. Los que sufrimos alguno de los abusos que tú o tus seguidores nos infligieron sabemos el verdadero significado de la palabra maltratos. Tú no estás siendo maltratado, estás siendo juzgado por tus actos y por enseñar a otros a actuar como tú. Eso no es maltrato, eso es justicia natural. O, para que lo entiendas mejor, justicia divina.

Pides disculpas por la demora en escribir a los sodálites y sus amigos. En mi caso, has demorado quince años en aceptar tus faltas (y a medias, porque no te quedaba otra ante la presión generada en los últimos meses). Y no he recibido una sola letra ni una llamada tuya o de alguno de tus seguidores "arrepentidos". Ni una sola. Pedir disculpas en una carta privada que no está dirigida a ninguna de tus víctimas es cobardía pura y plana. Cuando yo me tuve que escapar de la comunidad de Chincha a la que tú me mandaste como "premio", dejé sobre la cama una carta dirigida a mis exhermanos sodálites. Y me tildaron de maricón, rosquete, traidor al Plan de Dios, Judas, demonio. Tú les enseñaste a llamarme así. Tú les enseñaste a llamar así a cualquiera que se iba del Sodalicio. Tu carta te convierte en eso: en un maricón, en un rosquete, en un traidor al Plan de Dios, en un Judas de un Cristo al que entregaste con un beso en los genitales de gente que confió en ti, en el mismo Satanás, el rey de la mentira y el engaño.

Dices que no conoces las acusaciones en tu contra, que solo las has escuchado por versiones mediáticas. Tú leíste mis artículos del 2000. Los leyeron todos los sodálites. Consigné nombres y apellidos y los lugares donde se cometieron esos abusos. No hiciste nada. O sea, nada para que se cambien esas cosas, porque sí hiciste de todo para destruir las acusaciones. Y, cuando la Policía te preguntó por su contenido un par de años después, en una diligencia a la que fuiste citado, respondiste con un sencillo: "es mentira". E instruiste a tu horda de ladradores a que sembraran dudas sobre mí, a que me desprestigiaran pública y privadamente, a que boicotearan mis intentos por desarrollarme laboralmente. Y lo hicieron diligentemente durante más de una década. Porque ellos mintieron guiados por tu mentira. Y me destruyeron hasta que, después de década y media, se vieron forzados a decir que los testimonios son verosímiles y que se abriría una investigación. Quince años demoliendo mi nombre, mi pasado, mi presente y mi futuro. Casi quince años después de mentirle a las autoridades de nuestro país y, lo peor de todo, a cientos de seguidores sinceros del Sodalicio. Les mentiste a tus propios seguidores Luis Fernando, a los que creían que eras un santo. Y esa mentira está documentada en los archivos policiales de la época.

Si rechazas las imputaciones de abusos sexuales y "otras de diverso tipo", ven al Perú. Da la cara. Mira a los ojos a quienes te hemos acusado. Sé el valiente sodálite que siempre quisiste que creamos que eras. Mientras te sigas escondiendo en Roma, mientras sigas pidiéndole a Sandro Moroni y a los demás sodálites que salgan a los medios a responder lo que deberías responder tú, serás culpable. Porque tu silencio, tu lejanía y tu cobardía son argumentos de quien escapa de la verdad. Y el que escapa de la verdad miente. Así de simple.

Dices que "a lo largo de estos años, he estado siempre a disposición de las autoridades competentes para dar testimonio de la verdad y esclarecimiento de los hechos". Pura palabrería. Nombra una sola ocasión en la que te hayas puesto a disposición de las autoridades para algo. La única que se ha llegado a conocer es la que mencioné líneas arriba. Y mentiste. Es hora de que demuestres que esas palabras no son meros paños fríos en la frente de una agonizante comunidad que creaste, que usaste para tus fines y a la cual le mentiste por años. Ven. Ponte a disposición. Ahí te creeremos.

Aceptas "graves errores, fallas, ligerezas". ¿Crees que una carta privada a tu Familia Sodálite, en la que ya no están las personas afectadas, sea el medio correcto para "pedir perdón sinceramente y de todo corazón a todos y cada uno de quienes haya podido herir"? No Luis Fernando. Tienes que mirar a los ojos a quienes heriste. Tienes que pedirles perdón frente a frente. Como hombre. Y los heridos decidirán si te perdonan o no. Yo no te he perdonado. Y no pretendo hacerlo mientras no me pidas perdón mirándome a los ojos. En ese momento veré si te creo y te perdono.

Pobre Luis Fernando. Pones en tu carta que te han detectado cáncer hace unos meses. ¿Y el cáncer de la destrucción de la identidad, la libertad, el amor propio y la seguridad de tantos afectados por ti, por años, dónde queda? Hay por lo menos un exsodálite que se suicidó. Hay por lo menos uno que se volvió loco. Hay tres decenas que vencieron temores ancestrales y contaron sus propios cánceres en un libro. Hay cientos que no quieren hablar, que quieren borrar de su presente y su futuro ese cáncer sodálite con el que los infectaste y que destruyó su esencia, su fe y sus vidas. Tratas de dar pena, pero te olvidas de la pena que causaste, de las lágrimas de cientos de jóvenes y de sus familias, a quienes destruiste en tu afán de volverte un falso profeta y de crear una fábrica en serie de santos modernos. Si el cáncer está destruyendo tu cuerpo, eso no es nada comparado con el cáncer que destruirá tu memoria, tu nombre y tu figura. Ya no serás el santo que construiste con tus mentiras, serás recordado como el abusador y el pederasta que construiste con tus acciones y tus omisiones. Por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa.

Finalmente, pides oraciones. Quienes oren por ti serán los que nunca supieron la verdad, los que nunca recibieron una orden absurda de parte tuya o de tus seguidores, los que nunca sintieron tu lujuria penetrando su infancia, su inocencia y su fe, los que nunca recibieron una herida en sus manos o sus pies o su costado en honor a tu superioridad, los que nunca fueron coronados de espinas para que tú seas un ídolo pseudobíblico que a la larga demostró tener pies de barro. Los demás, los que sí te conocimos y supimos la porquería de ser humano que has sido, no oraremos por ti, pediremos que se haga justicia, aquí y más allá, hoy y por el resto de la eternidad. 

Porque, Luis Fernando, cuando tú ya no estés, a nuestros hijos y nietos les bastará abrir una pestaña de un navegador, escribir tu nombre o el del Sodalicio, y en 0,00006 segundos aparecerá ante sus ojos la verdad que no conseguiste enterrar, la que escribimos quienes oramos por ellos y no por ti.

Jose Enrique Escardó Steck
Lima, 13 de enero del 2016

martes, 3 de noviembre de 2015

Parte de la historia no contada sobre las denuncias contra el Sodalicio

Luis Fernando Figari, fundador del Sodalicio
Estas últimas dos semanas han sido brutales para mí. Sé que para las demás víctimas del Sodalicio también. Y, por qué no decirlo, para el Sodalicio también.

Tengo quince años luchando porque se sepa la verdad y he sido víctima de toda clase de ataques y mentiras para hacer creer a cada persona que pudiera acercarse al Sodalicio, a sus seguidores en los distintos proyectos y misiones que ellos dirigen y a la opinión pública en general que soy un loco, un enfermo, un resentido, un fumón, un predicador anticlerical y todo lo que puedan o no imaginarse.

Es a raíz de lo sucedido en estas dos semanas que, con la mente más en paz, pero también con nuevas frustraciones, puedo escribir esto. Mi intención es, obviamente, que lo lean y, si lo creen conveniente, lo compartan. Lo haré a modo de lista porque será más fácil de procesar para mí y de leer para ustedes.

1. Soy una víctima de abusos físicos y psicológicos ocurridos en las comunidades de formación del Sodalicio entre los años de 1987 y 1989. También soy víctima de una persecución implacable de parte de ellos y muchos de sus simpatizantes desde que revelé por primera vez los abusos que se cometían en sus comunidades. Lo único que me diferencia de las demás víctimas es que fui quien rompió el silencio y habló por primera vez de los abusos en el Sodalicio.

2. Estuve relacionado con el Sodalicio de manera informal desde sexto de primaria (tenía doce años) hasta quinto de secundaria. Eran profesores sodálites de mi colegio, el Markham, quienes me fueron lavando el cerebro. Fui elegido presidente del Convivio 86 (reunión anual de estudiantes católicos organizada por el Sodalicio). El 8 de diciembre de 1986 hice promesa de "aspirante", primer peldaño en el vínculo formal con el Sodalicio. Había cumplido 17 años 29 días antes, el 9 de noviembre. Nunca informé a mis padres sobre mi ceremonia de vinculación formal con el Sodalicio, ya que ellos no estaban de acuerdo y mis guías sodálites me hicieron creer que no debía contarlo a nadie de mi familia porque no entenderían mi "vocación" y serían tentados por el demonio para alejarme de ella.

3. Dejé el Sodalicio en marzo de 1989, después de haber vivido un año en dos comunidades: una en San Bartolo y la otra en Chincha, de donde me escapé después de varios meses de confusión, dolor, conversaciones inútiles con el superior, Miguel Salazar, y mi director espiritual, José Ambrozic. Las conversaciones servían solo para amenazarme con promesas de aniquilación espiritual y emocional en lugar de para brindarme ayuda profesional para construir nuevas formas de relacionarme con mi espiritualidad y la Iglesia a partir de mi idea de dejar la comunidad y relacionarme con el Sodalicio de maneras más libres, viviendo en mi casa y desarrollándome profesionalmente.

4. Meses después de mi salida me acerqué a San Bartolo a reclamar la devolución de mi biblioteca personal, la cual ellos tenían en su poder. Mientras viví en comunidad, recibía mensualmente el alquiler de un departamento de mi propiedad en Miraflores. El 50 % de ese dinero lo entregaba al superior de la comunidad y el resto lo usaba para comprar libros o ropa. Nunca me devolvieron mis libros, una colección que me costó entre 1500 y 2000 dólares. Tal vez más. En buen cristiano: se los robaron. Hasta hoy.

5. Es así que, totalmente frustrado, me mantuve alejado de ellos, evitándolos en las calles con una creciente paranoia, escondiéndome si los veía en algún lado. Mientras tanto, trataba de recuperar mi vida.

6. En el año 2000, mientras ayudaba por un breve periodo a mi padre en su revista, Gente, tenía una columna a la que llamé El quinto pie del gato, hoy convertida en un blog. En ella opinaba sobre temas de actualidad de manera (a veces demasiado) irreverente. La columna adquirió cierta notoriedad con el tiempo y tenía una vasta legión de lectores dentro y fuera del país.

7. En octubre del 2000 tomé la decisión de enfrentar mis miedos y salir al frente a hablar de lo que viví en el Sodalicio. No fue fácil. Fueron seis columnas. Una por semana. La primera se tituló "Extirparé la raíz del miedo". Ellas nacieron como gemelas de una pesadilla que me persigue hasta hoy. Mi intención era desenmascarar al Sodalicio y a sus miembros que abusaban de cientos de personas y, por encima de todo, advertir a la sociedad. Quería que los padres cuidaran a sus hijos. El impacto de mis columnas fue inesperado y arrollador. Golpeó al Sodalicio de maneras que no creí que lo haría, pero también dio inicio a una persecución en mi contra que destruyó mi vida en muchos niveles. Si hubiera callado, otra sería mi vida hoy. Pero no me arrepiento. Para ganar lo que realmente vale en la vida hay que estar dispuesto a hacer sacrificios. Pueden leer las columnas en este enlace.

8. Ese mismo año, el periodista y exsodálite Pedro Salinas me pidió una reunión, la cual se llevó a cabo en el restaurante Mangos del Óvalo Gutiérrez, en Miraflores (donde hoy está el Starbucks). Ahí, Salinas me contó que estaba escribiendo una novela acerca del Sodalicio, pero que no se había atrevido a terminarla y menos a publicarla, que era más una especie de exorcismo interno. Pero, me confesó que, al ver mis columnas publicándose, se sentía inspirado a continuar con el proyecto y a animarse a sacar el libro. Me pidió  autorización para incluir en la novela pasajes de mis testimonios sobre los abusos que sufrí. Yo le dije que sí, que los use. En el 2002 publicó Mateo Diez, una novela sobre el Sodalicio en la que cambió los nombres. Solo los que estuvimos dentro del Sodalicio sabíamos a quiénes se refería. Nunca recibí invitación al lanzamiento del libro. No entendí por qué. Pero esto es algo que ya hablé personalmente con él días antes de que presentara Mitad monjes mitad soldados.

8. En el 2001, la periodista Cecilia Valenzuela encargó a Diego Fernández Stoll, un joven reportero de su programa Entre líneas, de Canal N, que investigara al Sodalicio. Luego del excelente reportaje, en el que se recogían los testimonios de Luis Eduardo Cisneros (exintegrante del MVC) y Eduardo Alt (padre de un sodálite), fui entrevistado en vivo por ella. Después entrevistó al destacado psicólogo Jorge Bruce, quien hizo una escalofriante premonición, alertando sobre posibles casos de abuso sexual y prácticas homosexuales de los líderes de la organización católica. Aquí pueden ver el trabajo de Cecilia y su equipo, además de mi entrevista y las predicciones de Bruce:



9. He contado en numerosas entrevistas la semana pasada (Caretas, Cuarto Poder, Radio San Borja, Buenos Días Perú, TeleSur, Rosana Cueva en Radio Exitosa, Al estilo Juliana en RPP TV, Con otros ojos en Canal N, Cecilia Valenzuela en Mira quién habla de Willax TV, Boca a boca en RBC) todo lo que he pasado en estos quince años de lucha.

10. Quiero compartir con ustedes, luego de estas dos semanas de correrías, con más calma, algunas cosas que creo importantes aclarar:
   a. El libro Mitad monjes, mitad soldados ha sido el fruto de la investigación y trabajo de los periodistas Pedro Salinas y Paola Ugaz y un grupo de colaboradores en el cual no estoy. No he trabajado con ellos en su elaboración y lo único que sale ahí sobre mí es, por un lado, el reconocimiento de mis primeras denuncias, y por otro, mi testimonio, que fue grabado por Pedro Salinas en una conversación que tuvimos hace por lo menos tres años. Lamento que varios medios de comunicación y opinólogos que recién se aproximan al tema, en su afán de promocionar las denuncias de abuso sexual, omitan en sus comentarios o cronología de los eventos la lucha de los que rompimos el silencio en el 2000 y 2001 y pretendan decir que esto empezó en el 2002 con la publicación de la novela Mateo Diez o incluso en el 2010-2011 con la aparición de denuncias sobre abusos sexuales. Pero lo entiendo. La dinámica del periodismo moderno es efectista y, con frecuencia, morbosa. Y el sexo es morbo por excelencia. Aprovecho para agradecer a quienes sí mostraron, en sus recuentos y columnas de opinión, el inicio de esta historia y su significado en lo que vino después. Agradezco, más que a nadie, a Paola Ugaz, coautora del libro Mitad monjes mitad soldados, quien se ha esforzado todas las veces y por todos los medios que ha podido en reconocer ese esfuerzo y esa lucha.
  b. No recibo ni recibiré un centavo de las ventas del libro. No me corresponde, no he invertido un sol ni un segundo de mi tiempo en ese valioso esfuerzo, que es solo de Pedro y Paola.
  c. Mi lucha siempre ha sido personal, sin coordinación alguna con Pedro Salinas, salvo en las ocasiones en las que ha pedido mis declaraciones para el libro y una que otra conversación esporádica para comentar, nunca para coordinar.
  d. Muchas personas me aconsejaron hacer un libro respecto de estas experiencias. Siempre me negué rotundamente. Como fui parte del Sodalicio, testigo, victimario y víctima a la vez, no me sentiría bien conmigo mismo comercializando tristes experiencias mías y de otras víctimas.
  e. Nunca fui víctima ni testigo de abusos sexuales dentro del Sodalicio. Me he enterado de las denuncias contra Germán Doig, Luis Fernando Figari, Daniel Murguía y Jeffrey Daniels a través de la prensa. Los demás testimonios de abusos psicológicos, físicos y sexuales los he venido a conocer a través del libro Mitad monjes mitad soldados. No conozco a ninguno de los denunciantes que aparecen en el libro, salvo a Pedro Salinas, su autor. Sin embargo, sus historias son totalmente consistentes, creíbles y reflejan en mucho lo que denuncié en mis artículos del 2000.
  f. Considero que Luis Fernando Figari, como todo ciudadano peruano, es inocente de cualquier cargo hasta que la justicia pruebe lo contrario. Nos guste o no, así es la justicia. Sin contradecir esto, para conseguir que se demuestre su culpabilidad o inocencia, debe ponerse a derecho, afrontar la justicia en el Perú. El Sodalicio debe conminarlo a declarar al respecto lo antes posible. Mientras no lo haga, solo podemos considerar que lo están encubriendo. Además, el Sodalicio y la justicia peruana deben investigar a las personas que mencioné en mis columnas, para así determinar su grado de responsabilidad en los abusos cometidos mientras fueron superiores o formadores en sus comunidades. También debe identificar quiénes son los demás abusadores mencionados en los testimonios publicados por Salinas y Ugaz. Casi todos aparecen en el libro solo con sus iniciales. Hay que identificarlos y que pasen por los procesos necesarios de investigación y posterior sanción.
  g. Desde el año 2000 hasta hoy no he tenido relación ni he mantenido comunicación con nadie del Sodalicio. Menos he tratado de hacerme su "amigo" con la intención de obtener información. Solo me he acercado a uno de sus miembros más antiguos, prominentes y conocidos por su posición mediática. Intercambiamos algunos correos entre diciembre del 2011 y marzo del 2012, teniendo yo en mente una sola cosa: que tomen conciencia de los abusos y del dolor de las víctimas. Al inicio de las conversaciones, este sodálite aceptó el daño que me habían hecho y me pidió perdón a título personal por lo sucedido (a pesar de no haber sido él perpetrador de ninguno de los abusos que denuncié). Debido a esta actitud, a su reconocimiento de que mis denuncias del 2000 eran ciertas y de que ellos habían defendido a su comunidad con un espíritu no cristiano, me sentí en la libertad de ofrecer una tregua con la condición de que formaran una comisión ad hoc para acercarse a las víctimas, investigar sus casos y realizar las acciones necesarias para brindarles ayuda y las reparaciones necesarias. Pero ello nunca sucedió. No se concretó la reunión con la cúpula del Sodalicio. No se hizo nada de lo prometido. Peor aún, se filtró y se sacó de contexto mi ofrecimiento de una tregua para luego usarlo como defensa del Sodalicio en un caso que enfrentaban contra una universidad canadiense que quería sacarlos de la capellanía debido a que, principalmente, habían tenido acceso a mis columnas. Ante esta nueva traición, rompí toda comunicación. Y ese es otro motivo por el cual me he mostrado muy escéptico con relación a los contenidos de los comunicados del Sodalicio y sus compromisos desde que este nuevo escándalo estalló hace dos semanas.

Dicho esto, quiero dejar clara mi opinión con relación a lo que vienen haciendo el Sodalicio, la Iglesia católica y las autoridades peruanas:

1. Ante el escándalo mediático que estalló hace poco más de dos semanas. el Sodalicio ha prometido una comisión ad hoc. Según declaraciones muy recientes de Fernando Vidal, asistente general de Comunicaciones de la institución, en reuniones públicas con integrantes de distintas misiones dirigidas por el Sodalicio, la comisión está en proceso de formación y se la ha encargado la conducción del proceso a uno de los sodálites más antiguos y profesionales, José Ambrozic. Sí, el mismo que fue mi segundo director espiritual y que me tuvo en retiro absoluto cuando le dije que quería dejar la vida comunitaria. Obviamente, esto demorará mucho tiempo. De haberse realizado esto en el 2011, cuando lo pedí en los correos ya mencionados, hace rato estaríamos en otro momento histórico de este escándalo.

2. El Sodalicio está siendo apoyado por una empresa consultora peruana reconocida (aún no han revelado el nombre y han prometido hacerlo apenas sean autorizados). Ella diseñará las maneras en las que la comisión ad hoc recibirá a los denunciantes que quieran acercarse a dar sus testimonios, estudiará los casos y vigilará que los procedimientos establecidos se cumplan. El Sodalicio ha afirmado que la tercera etapa de la investigación brindará el apoyo que requieran las víctimas a través de profesionales independientes de alto nivel. Además, esta tercera etapa ayudará a identificar casos en los que se requiera una investigación más detallada y profunda.

3. La actitud de los voceros en las reuniones públicas coincide con la mostrada por el superior general del Sodalicio, Alessandro Moroni, en su entrevista aparecida en el diario El Comercio. Quedaré a la espera de que se cumplan los compromisos adquiridos por ellos ante la opinión pública. Si pasa un tiempo prudencial y no veo ningún cambio real, entonces tendré que volver a salir a los medios a informar lo necesario al respecto.

4. La Iglesia católica tiene procesos internos diseñados para lidiar con estas situaciones. Estaré atento a que esos procesos se cumplan. Por el momento, y según las explicaciones de los expertos que han declarado, además de lo que dijo el cardenal Juan Luis Cipriani en RPP y de los propios voceros del Sodalicio, no veo inconsistencias y entiendo la reserva que han venido mostrando. Las investigaciones deben mantener la privacidad que corresponde y los investigadores no deben dejarse presionar por la dinámica de los medios de comunicación, los cuales sí deben estar atentos en los próximos meses a lo que pase en el Sodalicio y en la Iglesia católica. Además, invoco a los medios a no  abandonar a las víctimas y cada cierto tiempo volver a tratar este tema. Por otro lado, creo que, ante la gravedad del impacto mediático, los líderes del Sodalicio deben informar con cierta periodicidad a la opinión pública los avances que vienen haciendo sin romper la confidencialidad que exige un proceso de esta naturaleza.

5. Ya se ha abierto una investigación en el Ministerio Público. El propio fiscal de la Nación ha solicitado a las víctimas que nos acerquemos a su despacho para presentar nuestros testimonios y pruebas (en caso de que alguien tenga alguna). Insto, desde aquí, a los afectados, a acercarse al fiscal de la Nación y colaborar con los procedimientos legales que él o quien él haya puesto a cargo de la investigación indiquen. Asimismo, pido al fiscal de la Nación que haga los trámites necesarios para que, ante las denuncias mediáticas, indicios y testimonios ya existentes, solicite mediante los canales legales adecuados, dentro y fuera de nuestro país, que se traiga a Luis Fernando Figari al Perú lo antes posible y se le fijen condiciones restrictivas adecuadas que permitan que afronte todo el proceso de investigación aquí. Lamentablemente, y como lo vengo diciendo hace días en mis entrevistas y en mi cuenta de Twitter (@JEESxorcismo), Figari no tiene intenciones de venir. Es más, para frustración de miles de personas preocupadas por este caso, su abogado ha declarado hoy en una entrevista para el diario El Comercio que buscarán la prescripción de los casos. Un asco del cual el Sodalicio puede escaparse rápidamente si, ahora sí, expulsa a Figari por tomar esa actitud.

Finalmente, debo manifestar que me causa un dolor profundo el accionar del Sodalicio, la Iglesia y de quienes se aprovechan del dolor de las víctimas para hacer noticia u obtener algún beneficio personal. Como víctima de Figari, Doig y muchas otras autoridades y miembros del Sodalicio, lo que menos espero es respeto a ese dolor, no que se busque manipularlo para obtener beneficios de ninguna índole.

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