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viernes, 20 de enero de 2017

El Sodalicio y las mandarinas [publicada el 18 de enero en Perú21]

Jose Enrique Escardó: "Le dijeron a medio mundo que era
un mentiroso, que era el anticristo".
La fiscal comía mandarinas parada a un lado de la puerta de su despacho. Hacía ya unos meses investigaba el caso Sodalicio-Figari. Dos días antes había tomado la declaración del superior general, Alessandro Moroni. Yo había decidido por cuenta propia visitarla. Le llevaba unos documentos que desmienten a Moroni. Me preguntó quién era. Le di mi nombre, pero no me conocía. Un rato después me contó que se notaba que Moroni (o el cura Baertl) estaban mintiendo. No recuerdo cuál de los dos. Se acabaron las mandarinas, o las archivó. Tal vez lo último, porque parece que eso hace cuando pela algo por encima y se cansa.
Me habló de una pariente suya que era o había sido misionera. En el África creo. Y me preguntaba por lo que me había pasado en las comunidades del Sodalicio. Apurado, resumí algunas cosas que escribí en mis columnas del año 2000. Abría los ojos, primera noticia para ella. Le conté también lo que se lee en el libro Mitad monjes mitad soldados, en el que uno de los primeros capítulos se titula “Escardó, el primer denunciante”. Y hay otro en el que cuento los abusos que sufrí en el Sodalicio. La fiscal respiraba hondo. No sabía. O sea, no había leído el libro cuya publicación motivó que, meses atrás, el fiscal de la Nación le pidiera que investigue a quienes son calificados ahí como victimarios. Me dijo que no iba a pasar nada porque el delito de abusos sexuales ya había prescrito. “Eso pasó hace más de 20 o 30 años”. Pero que por algo Dios la ponía en esas circunstancias. Que no era la primera vez. Ya había actuado en el caso de un cura que le trajo muchos problemas. Pero era su deber.
Este lunes archivó las denuncias. Como si fueran mandarinas. Moroni o Baertl ya no eran mentirosos. Desde el lunes lo eran los hermanos López de Romaña, Óscar Osterling y Pedro Salinas. Y yo también, aunque “se olvidó” de poner mi nombre en el comunicado. Tal vez porque dice que éramos mayores de edad cuando entramos al Sodalicio. Y eso es mentira. Porque yo hice promesa de Aspirante (ingreso formal al Sodalicio) el 8 de diciembre de 1986. Mi cumpleaños es el 9 de noviembre. O sea, casi un mes después de cumplir 17 años, ya era un sodálite de verdad. Y entré a comunidad a los 18 años recién cumplidos, eso sí. Pero la solicitud (con entrevista personal incluida) la presenté a mediados de 1987, cuando aún tenía 17 años, después de haberme lavado el cerebro desde sexto de primaria. Figari me puso en la lista de los elegidos cuando era menor de edad. Y Germán Doig intentó abusar sexualmente de mí en su oficina del Centro Pastoral de San Borja ese mismo año.
Tal vez “se olvidó” de poner mi nombre porque su comunicado dice que no tenemos problemas psicológicos causados por el Sodalicio. Y tal vez ella sabía que, hace varios meses, Ian Elliott, el irlandés experto en abusos contratado por el Sodalicio, concluyó que soy una de las víctimas y que necesito terapia. Voy desde hace cuatro meses y el Sodalicio la paga. Pero la fiscal dice que archiva porque no hay daño psicológico.
La fiscal no puede afirmar que fui víctima de lesiones psicológicas porque soy un hombre de “éxito”. Sí, por eso . Así de simplón. Pero los psicólogos que vieron a los cinco denunciantes y presentaron un peritaje de parte dicen lo contrario. Salinas ha contado que es porque uno de ellos conoce el caso. Con esa lógica, nadie nos podría hacer un peritaje psicológico. Es que esos peritajes no hablan de hombres de éxito, porque el éxito no solo tiene que ver con lo laboral, señora fiscal. También es haber logrado recuperar la confianza en los demás que se llevó los abusos, no haber perdido el rumbo en la vida, tener una relación saludable con la familia, los amigos, la pareja y todo nuestro entorno. Y mi peritaje de parte dice que no he podido conseguir eso, que tengo serios problemas. Pero la fiscal no lo aceptó. Y tampoco pidió que se reemplace con uno del psicoanalista que me ve desde hace cuatro meses, una vez por semana, pagado por el Sodalicio.
Tal vez por eso “olvidó” mi nombre en su comunicado. Porque para ella no soy nadie. Como no lo soy para Luis Fernando Figari, para quien no existo. Como no lo soy para el Consejo Superior del Sodalicio. Como no lo soy para quienes me arruinaron la vida cuando estuve en sus comunidades y en los últimos 16 años, desde que los denuncié públicamente. Porque le dijeron a medio mundo que era un mentiroso, que era el anticristo, que era un enfermo. Que esa era la versión que todos los vinculados al Sodalicio debían dar. Así, como quien pela una mandarina.

miércoles, 6 de abril de 2016

Las disculpas del Sodalicio

Sí, ayer me quebré cuando supe que el fundador, Luis Fernando Figari, había sido declarado culpable de los abusos físicos, psicológicos y sexuales que se le imputan y persona no grata por el Sodalitium Christianae Vitae (SCV). Y lloré más de una vez porque pensé que eso jamás pasaría. Estuve horas como zombi, como pisando nubes de algodón, como pepeado por los analgésicos naturales que desarrolló mi cuerpo para paliar el dolor de estos quince años de guerra cruenta contra los abusos y mentiras del Sodalicio.

Pero eso no significa que, después del impacto inicial de la sentencia sodálite, me iba a comer el cuento.

¿Qué pienso del videocomunicado de Alessandro Moroni? Pues que, así, solito, no sirve de nada. A los sobrevivientes no. De nada. Nada de nada. Ni un carajo, para que les quede claro.

¿Por qué?

Deshuesaré mi opinión en los mismos tres puntos que presentó el superior general en su videocomunicado de mea culpa.


1. Perdón. Por más que Moroni haya repetido esa palabra casi una decena de veces, el perdón no se pide leyendo un guion pegado a una chuleta al lado de una cámara e interactuando con un título pegado en postproducción al lado opuesto de la pantalla. El perdón se pide mirando a los ojos, asumiendo la culpa y la vergüenza cara a cara. Cualquier otra cosa es un fraude, pura cobardía, una rosquetada para llamarla como llamaba Figari a nuestras debilidades. Yo no perdono a Moroni ni a la cúpula del SCV. No, así no.


2. Separación. Luis Fernando Figari vive en Roma, en una comunidad del Sodalicio, en una propiedad privada de la institución que él fundó y que ayer supuestamente le jaló la alfombra. Si Moroni sentenció que el Sodalicio declara a su fundador culpable de las acusaciones y persona no grata, el siguiente acto, el inmediato, debió ser cerrar las puertas de esa comunidad, cortar sus fondos, mudar a los demás miembros que viven con Figari a otro lugar y dejar a Luis Fernando con sus maletas patitas en la calle. Si Figari sigue comiendo, durmiendo y usando el teléfono para coordinar con su abogado satánico en ese lugar es porque el Sodalicio sigue dándole los fondos necesarios en lugar de cerrarle el caño ipso facto. ¿De qué separación estamos hablando entonces? Ah, ya... Moroni dijo que es una "condena moral". O sea, floro. Y después, en jugada eclesial maestra, le tira la pelota en cruz al Vaticano para que expulse a Figari. Es que, por si no lo sabían, según el estatus legal del SCV ante la Santa Sede, ellos dependen de las decisiones papales para este tipo de movimientos. Ajá. Figari seguirá viviendo en una propiedad del Sodalicio, con plata del Sodalicio y con asistentes del Sodalicio hasta que el Vaticano le diga a Moroni que le diga chau. Si lo dice, claro está. Otro punto (que seguramente dará lugar a un próximo texto en este blog) es que Figari no es el único que debe ser separado. Hay una larga lista de nombres de sodálites abusadores y depredadores que los distintos denunciantes hemos ido revelando a lo largo del tiempo: monseñor José Antonio Eguren (arzobispo de Piura) el padre Jaime Baertl, Oscar Tokumura, Alfredo Draxl, Javier Leturia, el padre Luis Ferroggiaro y otros más que pueden encontrar gugleando. Casi todos ellos están en el Perú, así que no pueden esconderse como Figari. Por ahora.


3. Reforma integral. Dice Moroni que asumen los errores y pecados del pasado. Bueno, pues, esos "errores" o "pecados" son delitos y tienen víctimas. Uno asume los errores cuando toma acciones concretas para corregir (en lo que se pueda) sus consecuencias. Nada de eso se dice en el videocomunicado. O sea, pecado de omisión. Suave. Dice también que están dispuestos a aceptar la penitencia que les permita obtener el perdón de Dios, su familia y etcéteras. La penitencia, como bien saben ellos, no solo consiste en rezar. Hay que actuar. Y la acción que esperamos los sobrevivientes del Sodalicio es una reparación personalizada. No queremos que nos envíen a una casilla postal un sobre con mil soles o un millón de dólares a cada uno y que nos hagan firmar un recibo. Queremos que nos llamen. Queremos que nos miren a los ojos. Queremos que nos pidan perdón frente a la comunidad. Todo el Consejo, no un representante. Y que se interesen en cada caso, porque cada sobreviviente necesita algo distinto según la magnitud del daño que le han ocasionado. Si quieren construir un nuevo Sodalitium, deben hacerlo sobre suelo plano y limpio, no sobre los restos pútridos de un cementerio maloliente que esconden debajo del sótano mediático. Solo así podrán escribir una nueva historia, como lo anuncia Moroni al final del video.

Eso es lo que espero como sobreviviente del Sodalicio luego de este anuncio, que, si no se materializa en acciones, terminará siendo una estación más en el Vía Crucis de abusos y una cuenta más en el rosario de mentiras con el que siguen burlándose de quienes merecemos más que estos 4:05 minutos de YouTube:




miércoles, 13 de enero de 2016

Respuesta a la carta de Luis Fernando Figari, fundador del Sodalicio

Luis Fernando Figari, fundador del Sodalicio
y del Movimiento de Vida Cristiana (MVC)

Hace unos minutos, el periodista Pedro Salinas ha dado a conocer una carta remitida, desde su exilio dorado en Roma, por el fundador del Sodalitium Christianae Vitae (SCV), el laico peruano Luis Fernando Figari, acusado por más de treinta personas de abusos físicos, psicológicos o sexuales.

En mi calidad de afectado y primer denunciante de los abusos en el SCV, le responderé aquí.

Luis Fernando:

Empiezas tu carta afirmando que te diriges a la Familia Sodálite debido a los "señalamientos, desinformaciones y maltratos que se han dado a conocer sobre mí". Efectivamente, has sido señalado desde el año 2000 como la persona que creó y dirigió una institución religiosa en la que se cometieron abusos físicos y psicológicos, y desde el 2010 como un agresor sexual y encubridor de otros abusadores, entre ellos Daniel Murguía, Jeffrey Daniels (mi excompañero de comunidad en San Bartolo) y tu difunto sodálite modelo, Germán Doig (mi ex director espiritual). 

Desinformaciones dices. Si no has sido un abusador, como se ha informado a partir de tres decenas de testimonios, entonces no deberías enviar cartas privadas, sino salir a los medios, dar la cara, como el macho alfa sodálite que siempre quisiste que creyéramos que eras, y desmentir con tu voz las acusaciones en tu contra, no usando a títeres incondicionales. 

"Maltratos" llamas a que la opinión pública peruana e internacional lea y escriba oraciones en las que tu nombre está en el sujeto y los verbos abusar, violar, tocar, penetrar, pegar, gritar, quemar, manipular, esclavizar, destruir y denigrar están en el predicado. Los que sufrimos alguno de los abusos que tú o tus seguidores nos infligieron sabemos el verdadero significado de la palabra maltratos. Tú no estás siendo maltratado, estás siendo juzgado por tus actos y por enseñar a otros a actuar como tú. Eso no es maltrato, eso es justicia natural. O, para que lo entiendas mejor, justicia divina.

Pides disculpas por la demora en escribir a los sodálites y sus amigos. En mi caso, has demorado quince años en aceptar tus faltas (y a medias, porque no te quedaba otra ante la presión generada en los últimos meses). Y no he recibido una sola letra ni una llamada tuya o de alguno de tus seguidores "arrepentidos". Ni una sola. Pedir disculpas en una carta privada que no está dirigida a ninguna de tus víctimas es cobardía pura y plana. Cuando yo me tuve que escapar de la comunidad de Chincha a la que tú me mandaste como "premio", dejé sobre la cama una carta dirigida a mis exhermanos sodálites. Y me tildaron de maricón, rosquete, traidor al Plan de Dios, Judas, demonio. Tú les enseñaste a llamarme así. Tú les enseñaste a llamar así a cualquiera que se iba del Sodalicio. Tu carta te convierte en eso: en un maricón, en un rosquete, en un traidor al Plan de Dios, en un Judas de un Cristo al que entregaste con un beso en los genitales de gente que confió en ti, en el mismo Satanás, el rey de la mentira y el engaño.

Dices que no conoces las acusaciones en tu contra, que solo las has escuchado por versiones mediáticas. Tú leíste mis artículos del 2000. Los leyeron todos los sodálites. Consigné nombres y apellidos y los lugares donde se cometieron esos abusos. No hiciste nada. O sea, nada para que se cambien esas cosas, porque sí hiciste de todo para destruir las acusaciones. Y, cuando la Policía te preguntó por su contenido un par de años después, en una diligencia a la que fuiste citado, respondiste con un sencillo: "es mentira". E instruiste a tu horda de ladradores a que sembraran dudas sobre mí, a que me desprestigiaran pública y privadamente, a que boicotearan mis intentos por desarrollarme laboralmente. Y lo hicieron diligentemente durante más de una década. Porque ellos mintieron guiados por tu mentira. Y me destruyeron hasta que, después de década y media, se vieron forzados a decir que los testimonios son verosímiles y que se abriría una investigación. Quince años demoliendo mi nombre, mi pasado, mi presente y mi futuro. Casi quince años después de mentirle a las autoridades de nuestro país y, lo peor de todo, a cientos de seguidores sinceros del Sodalicio. Les mentiste a tus propios seguidores Luis Fernando, a los que creían que eras un santo. Y esa mentira está documentada en los archivos policiales de la época.

Si rechazas las imputaciones de abusos sexuales y "otras de diverso tipo", ven al Perú. Da la cara. Mira a los ojos a quienes te hemos acusado. Sé el valiente sodálite que siempre quisiste que creamos que eras. Mientras te sigas escondiendo en Roma, mientras sigas pidiéndole a Sandro Moroni y a los demás sodálites que salgan a los medios a responder lo que deberías responder tú, serás culpable. Porque tu silencio, tu lejanía y tu cobardía son argumentos de quien escapa de la verdad. Y el que escapa de la verdad miente. Así de simple.

Dices que "a lo largo de estos años, he estado siempre a disposición de las autoridades competentes para dar testimonio de la verdad y esclarecimiento de los hechos". Pura palabrería. Nombra una sola ocasión en la que te hayas puesto a disposición de las autoridades para algo. La única que se ha llegado a conocer es la que mencioné líneas arriba. Y mentiste. Es hora de que demuestres que esas palabras no son meros paños fríos en la frente de una agonizante comunidad que creaste, que usaste para tus fines y a la cual le mentiste por años. Ven. Ponte a disposición. Ahí te creeremos.

Aceptas "graves errores, fallas, ligerezas". ¿Crees que una carta privada a tu Familia Sodálite, en la que ya no están las personas afectadas, sea el medio correcto para "pedir perdón sinceramente y de todo corazón a todos y cada uno de quienes haya podido herir"? No Luis Fernando. Tienes que mirar a los ojos a quienes heriste. Tienes que pedirles perdón frente a frente. Como hombre. Y los heridos decidirán si te perdonan o no. Yo no te he perdonado. Y no pretendo hacerlo mientras no me pidas perdón mirándome a los ojos. En ese momento veré si te creo y te perdono.

Pobre Luis Fernando. Pones en tu carta que te han detectado cáncer hace unos meses. ¿Y el cáncer de la destrucción de la identidad, la libertad, el amor propio y la seguridad de tantos afectados por ti, por años, dónde queda? Hay por lo menos un exsodálite que se suicidó. Hay por lo menos uno que se volvió loco. Hay tres decenas que vencieron temores ancestrales y contaron sus propios cánceres en un libro. Hay cientos que no quieren hablar, que quieren borrar de su presente y su futuro ese cáncer sodálite con el que los infectaste y que destruyó su esencia, su fe y sus vidas. Tratas de dar pena, pero te olvidas de la pena que causaste, de las lágrimas de cientos de jóvenes y de sus familias, a quienes destruiste en tu afán de volverte un falso profeta y de crear una fábrica en serie de santos modernos. Si el cáncer está destruyendo tu cuerpo, eso no es nada comparado con el cáncer que destruirá tu memoria, tu nombre y tu figura. Ya no serás el santo que construiste con tus mentiras, serás recordado como el abusador y el pederasta que construiste con tus acciones y tus omisiones. Por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa.

Finalmente, pides oraciones. Quienes oren por ti serán los que nunca supieron la verdad, los que nunca recibieron una orden absurda de parte tuya o de tus seguidores, los que nunca sintieron tu lujuria penetrando su infancia, su inocencia y su fe, los que nunca recibieron una herida en sus manos o sus pies o su costado en honor a tu superioridad, los que nunca fueron coronados de espinas para que tú seas un ídolo pseudobíblico que a la larga demostró tener pies de barro. Los demás, los que sí te conocimos y supimos la porquería de ser humano que has sido, no oraremos por ti, pediremos que se haga justicia, aquí y más allá, hoy y por el resto de la eternidad. 

Porque, Luis Fernando, cuando tú ya no estés, a nuestros hijos y nietos les bastará abrir una pestaña de un navegador, escribir tu nombre o el del Sodalicio, y en 0,00006 segundos aparecerá ante sus ojos la verdad que no conseguiste enterrar, la que escribimos quienes oramos por ellos y no por ti.

Jose Enrique Escardó Steck
Lima, 13 de enero del 2016

martes, 3 de noviembre de 2015

Parte de la historia no contada sobre las denuncias contra el Sodalicio

Luis Fernando Figari, fundador del Sodalicio
Estas últimas dos semanas han sido brutales para mí. Sé que para las demás víctimas del Sodalicio también. Y, por qué no decirlo, para el Sodalicio también.

Tengo quince años luchando porque se sepa la verdad y he sido víctima de toda clase de ataques y mentiras para hacer creer a cada persona que pudiera acercarse al Sodalicio, a sus seguidores en los distintos proyectos y misiones que ellos dirigen y a la opinión pública en general que soy un loco, un enfermo, un resentido, un fumón, un predicador anticlerical y todo lo que puedan o no imaginarse.

Es a raíz de lo sucedido en estas dos semanas que, con la mente más en paz, pero también con nuevas frustraciones, puedo escribir esto. Mi intención es, obviamente, que lo lean y, si lo creen conveniente, lo compartan. Lo haré a modo de lista porque será más fácil de procesar para mí y de leer para ustedes.

1. Soy una víctima de abusos físicos y psicológicos ocurridos en las comunidades de formación del Sodalicio entre los años de 1987 y 1989. También soy víctima de una persecución implacable de parte de ellos y muchos de sus simpatizantes desde que revelé por primera vez los abusos que se cometían en sus comunidades. Lo único que me diferencia de las demás víctimas es que fui quien rompió el silencio y habló por primera vez de los abusos en el Sodalicio.

2. Estuve relacionado con el Sodalicio de manera informal desde sexto de primaria (tenía doce años) hasta quinto de secundaria. Eran profesores sodálites de mi colegio, el Markham, quienes me fueron lavando el cerebro. Fui elegido presidente del Convivio 86 (reunión anual de estudiantes católicos organizada por el Sodalicio). El 8 de diciembre de 1986 hice promesa de "aspirante", primer peldaño en el vínculo formal con el Sodalicio. Había cumplido 17 años 29 días antes, el 9 de noviembre. Nunca informé a mis padres sobre mi ceremonia de vinculación formal con el Sodalicio, ya que ellos no estaban de acuerdo y mis guías sodálites me hicieron creer que no debía contarlo a nadie de mi familia porque no entenderían mi "vocación" y serían tentados por el demonio para alejarme de ella.

3. Dejé el Sodalicio en marzo de 1989, después de haber vivido un año en dos comunidades: una en San Bartolo y la otra en Chincha, de donde me escapé después de varios meses de confusión, dolor, conversaciones inútiles con el superior, Miguel Salazar, y mi director espiritual, José Ambrozic. Las conversaciones servían solo para amenazarme con promesas de aniquilación espiritual y emocional en lugar de para brindarme ayuda profesional para construir nuevas formas de relacionarme con mi espiritualidad y la Iglesia a partir de mi idea de dejar la comunidad y relacionarme con el Sodalicio de maneras más libres, viviendo en mi casa y desarrollándome profesionalmente.

4. Meses después de mi salida me acerqué a San Bartolo a reclamar la devolución de mi biblioteca personal, la cual ellos tenían en su poder. Mientras viví en comunidad, recibía mensualmente el alquiler de un departamento de mi propiedad en Miraflores. El 50 % de ese dinero lo entregaba al superior de la comunidad y el resto lo usaba para comprar libros o ropa. Nunca me devolvieron mis libros, una colección que me costó entre 1500 y 2000 dólares. Tal vez más. En buen cristiano: se los robaron. Hasta hoy.

5. Es así que, totalmente frustrado, me mantuve alejado de ellos, evitándolos en las calles con una creciente paranoia, escondiéndome si los veía en algún lado. Mientras tanto, trataba de recuperar mi vida.

6. En el año 2000, mientras ayudaba por un breve periodo a mi padre en su revista, Gente, tenía una columna a la que llamé El quinto pie del gato, hoy convertida en un blog. En ella opinaba sobre temas de actualidad de manera (a veces demasiado) irreverente. La columna adquirió cierta notoriedad con el tiempo y tenía una vasta legión de lectores dentro y fuera del país.

7. En octubre del 2000 tomé la decisión de enfrentar mis miedos y salir al frente a hablar de lo que viví en el Sodalicio. No fue fácil. Fueron seis columnas. Una por semana. La primera se tituló "Extirparé la raíz del miedo". Ellas nacieron como gemelas de una pesadilla que me persigue hasta hoy. Mi intención era desenmascarar al Sodalicio y a sus miembros que abusaban de cientos de personas y, por encima de todo, advertir a la sociedad. Quería que los padres cuidaran a sus hijos. El impacto de mis columnas fue inesperado y arrollador. Golpeó al Sodalicio de maneras que no creí que lo haría, pero también dio inicio a una persecución en mi contra que destruyó mi vida en muchos niveles. Si hubiera callado, otra sería mi vida hoy. Pero no me arrepiento. Para ganar lo que realmente vale en la vida hay que estar dispuesto a hacer sacrificios. Pueden leer las columnas en este enlace.

8. Ese mismo año, el periodista y exsodálite Pedro Salinas me pidió una reunión, la cual se llevó a cabo en el restaurante Mangos del Óvalo Gutiérrez, en Miraflores (donde hoy está el Starbucks). Ahí, Salinas me contó que estaba escribiendo una novela acerca del Sodalicio, pero que no se había atrevido a terminarla y menos a publicarla, que era más una especie de exorcismo interno. Pero, me confesó que, al ver mis columnas publicándose, se sentía inspirado a continuar con el proyecto y a animarse a sacar el libro. Me pidió  autorización para incluir en la novela pasajes de mis testimonios sobre los abusos que sufrí. Yo le dije que sí, que los use. En el 2002 publicó Mateo Diez, una novela sobre el Sodalicio en la que cambió los nombres. Solo los que estuvimos dentro del Sodalicio sabíamos a quiénes se refería. Nunca recibí invitación al lanzamiento del libro. No entendí por qué. Pero esto es algo que ya hablé personalmente con él días antes de que presentara Mitad monjes mitad soldados.

8. En el 2001, la periodista Cecilia Valenzuela encargó a Diego Fernández Stoll, un joven reportero de su programa Entre líneas, de Canal N, que investigara al Sodalicio. Luego del excelente reportaje, en el que se recogían los testimonios de Luis Eduardo Cisneros (exintegrante del MVC) y Eduardo Alt (padre de un sodálite), fui entrevistado en vivo por ella. Después entrevistó al destacado psicólogo Jorge Bruce, quien hizo una escalofriante premonición, alertando sobre posibles casos de abuso sexual y prácticas homosexuales de los líderes de la organización católica. Aquí pueden ver el trabajo de Cecilia y su equipo, además de mi entrevista y las predicciones de Bruce:



9. He contado en numerosas entrevistas la semana pasada (Caretas, Cuarto Poder, Radio San Borja, Buenos Días Perú, TeleSur, Rosana Cueva en Radio Exitosa, Al estilo Juliana en RPP TV, Con otros ojos en Canal N, Cecilia Valenzuela en Mira quién habla de Willax TV, Boca a boca en RBC) todo lo que he pasado en estos quince años de lucha.

10. Quiero compartir con ustedes, luego de estas dos semanas de correrías, con más calma, algunas cosas que creo importantes aclarar:
   a. El libro Mitad monjes, mitad soldados ha sido el fruto de la investigación y trabajo de los periodistas Pedro Salinas y Paola Ugaz y un grupo de colaboradores en el cual no estoy. No he trabajado con ellos en su elaboración y lo único que sale ahí sobre mí es, por un lado, el reconocimiento de mis primeras denuncias, y por otro, mi testimonio, que fue grabado por Pedro Salinas en una conversación que tuvimos hace por lo menos tres años. Lamento que varios medios de comunicación y opinólogos que recién se aproximan al tema, en su afán de promocionar las denuncias de abuso sexual, omitan en sus comentarios o cronología de los eventos la lucha de los que rompimos el silencio en el 2000 y 2001 y pretendan decir que esto empezó en el 2002 con la publicación de la novela Mateo Diez o incluso en el 2010-2011 con la aparición de denuncias sobre abusos sexuales. Pero lo entiendo. La dinámica del periodismo moderno es efectista y, con frecuencia, morbosa. Y el sexo es morbo por excelencia. Aprovecho para agradecer a quienes sí mostraron, en sus recuentos y columnas de opinión, el inicio de esta historia y su significado en lo que vino después. Agradezco, más que a nadie, a Paola Ugaz, coautora del libro Mitad monjes mitad soldados, quien se ha esforzado todas las veces y por todos los medios que ha podido en reconocer ese esfuerzo y esa lucha.
  b. No recibo ni recibiré un centavo de las ventas del libro. No me corresponde, no he invertido un sol ni un segundo de mi tiempo en ese valioso esfuerzo, que es solo de Pedro y Paola.
  c. Mi lucha siempre ha sido personal, sin coordinación alguna con Pedro Salinas, salvo en las ocasiones en las que ha pedido mis declaraciones para el libro y una que otra conversación esporádica para comentar, nunca para coordinar.
  d. Muchas personas me aconsejaron hacer un libro respecto de estas experiencias. Siempre me negué rotundamente. Como fui parte del Sodalicio, testigo, victimario y víctima a la vez, no me sentiría bien conmigo mismo comercializando tristes experiencias mías y de otras víctimas.
  e. Nunca fui víctima ni testigo de abusos sexuales dentro del Sodalicio. Me he enterado de las denuncias contra Germán Doig, Luis Fernando Figari, Daniel Murguía y Jeffrey Daniels a través de la prensa. Los demás testimonios de abusos psicológicos, físicos y sexuales los he venido a conocer a través del libro Mitad monjes mitad soldados. No conozco a ninguno de los denunciantes que aparecen en el libro, salvo a Pedro Salinas, su autor. Sin embargo, sus historias son totalmente consistentes, creíbles y reflejan en mucho lo que denuncié en mis artículos del 2000.
  f. Considero que Luis Fernando Figari, como todo ciudadano peruano, es inocente de cualquier cargo hasta que la justicia pruebe lo contrario. Nos guste o no, así es la justicia. Sin contradecir esto, para conseguir que se demuestre su culpabilidad o inocencia, debe ponerse a derecho, afrontar la justicia en el Perú. El Sodalicio debe conminarlo a declarar al respecto lo antes posible. Mientras no lo haga, solo podemos considerar que lo están encubriendo. Además, el Sodalicio y la justicia peruana deben investigar a las personas que mencioné en mis columnas, para así determinar su grado de responsabilidad en los abusos cometidos mientras fueron superiores o formadores en sus comunidades. También debe identificar quiénes son los demás abusadores mencionados en los testimonios publicados por Salinas y Ugaz. Casi todos aparecen en el libro solo con sus iniciales. Hay que identificarlos y que pasen por los procesos necesarios de investigación y posterior sanción.
  g. Desde el año 2000 hasta hoy no he tenido relación ni he mantenido comunicación con nadie del Sodalicio. Menos he tratado de hacerme su "amigo" con la intención de obtener información. Solo me he acercado a uno de sus miembros más antiguos, prominentes y conocidos por su posición mediática. Intercambiamos algunos correos entre diciembre del 2011 y marzo del 2012, teniendo yo en mente una sola cosa: que tomen conciencia de los abusos y del dolor de las víctimas. Al inicio de las conversaciones, este sodálite aceptó el daño que me habían hecho y me pidió perdón a título personal por lo sucedido (a pesar de no haber sido él perpetrador de ninguno de los abusos que denuncié). Debido a esta actitud, a su reconocimiento de que mis denuncias del 2000 eran ciertas y de que ellos habían defendido a su comunidad con un espíritu no cristiano, me sentí en la libertad de ofrecer una tregua con la condición de que formaran una comisión ad hoc para acercarse a las víctimas, investigar sus casos y realizar las acciones necesarias para brindarles ayuda y las reparaciones necesarias. Pero ello nunca sucedió. No se concretó la reunión con la cúpula del Sodalicio. No se hizo nada de lo prometido. Peor aún, se filtró y se sacó de contexto mi ofrecimiento de una tregua para luego usarlo como defensa del Sodalicio en un caso que enfrentaban contra una universidad canadiense que quería sacarlos de la capellanía debido a que, principalmente, habían tenido acceso a mis columnas. Ante esta nueva traición, rompí toda comunicación. Y ese es otro motivo por el cual me he mostrado muy escéptico con relación a los contenidos de los comunicados del Sodalicio y sus compromisos desde que este nuevo escándalo estalló hace dos semanas.

Dicho esto, quiero dejar clara mi opinión con relación a lo que vienen haciendo el Sodalicio, la Iglesia católica y las autoridades peruanas:

1. Ante el escándalo mediático que estalló hace poco más de dos semanas. el Sodalicio ha prometido una comisión ad hoc. Según declaraciones muy recientes de Fernando Vidal, asistente general de Comunicaciones de la institución, en reuniones públicas con integrantes de distintas misiones dirigidas por el Sodalicio, la comisión está en proceso de formación y se la ha encargado la conducción del proceso a uno de los sodálites más antiguos y profesionales, José Ambrozic. Sí, el mismo que fue mi segundo director espiritual y que me tuvo en retiro absoluto cuando le dije que quería dejar la vida comunitaria. Obviamente, esto demorará mucho tiempo. De haberse realizado esto en el 2011, cuando lo pedí en los correos ya mencionados, hace rato estaríamos en otro momento histórico de este escándalo.

2. El Sodalicio está siendo apoyado por una empresa consultora peruana reconocida (aún no han revelado el nombre y han prometido hacerlo apenas sean autorizados). Ella diseñará las maneras en las que la comisión ad hoc recibirá a los denunciantes que quieran acercarse a dar sus testimonios, estudiará los casos y vigilará que los procedimientos establecidos se cumplan. El Sodalicio ha afirmado que la tercera etapa de la investigación brindará el apoyo que requieran las víctimas a través de profesionales independientes de alto nivel. Además, esta tercera etapa ayudará a identificar casos en los que se requiera una investigación más detallada y profunda.

3. La actitud de los voceros en las reuniones públicas coincide con la mostrada por el superior general del Sodalicio, Alessandro Moroni, en su entrevista aparecida en el diario El Comercio. Quedaré a la espera de que se cumplan los compromisos adquiridos por ellos ante la opinión pública. Si pasa un tiempo prudencial y no veo ningún cambio real, entonces tendré que volver a salir a los medios a informar lo necesario al respecto.

4. La Iglesia católica tiene procesos internos diseñados para lidiar con estas situaciones. Estaré atento a que esos procesos se cumplan. Por el momento, y según las explicaciones de los expertos que han declarado, además de lo que dijo el cardenal Juan Luis Cipriani en RPP y de los propios voceros del Sodalicio, no veo inconsistencias y entiendo la reserva que han venido mostrando. Las investigaciones deben mantener la privacidad que corresponde y los investigadores no deben dejarse presionar por la dinámica de los medios de comunicación, los cuales sí deben estar atentos en los próximos meses a lo que pase en el Sodalicio y en la Iglesia católica. Además, invoco a los medios a no  abandonar a las víctimas y cada cierto tiempo volver a tratar este tema. Por otro lado, creo que, ante la gravedad del impacto mediático, los líderes del Sodalicio deben informar con cierta periodicidad a la opinión pública los avances que vienen haciendo sin romper la confidencialidad que exige un proceso de esta naturaleza.

5. Ya se ha abierto una investigación en el Ministerio Público. El propio fiscal de la Nación ha solicitado a las víctimas que nos acerquemos a su despacho para presentar nuestros testimonios y pruebas (en caso de que alguien tenga alguna). Insto, desde aquí, a los afectados, a acercarse al fiscal de la Nación y colaborar con los procedimientos legales que él o quien él haya puesto a cargo de la investigación indiquen. Asimismo, pido al fiscal de la Nación que haga los trámites necesarios para que, ante las denuncias mediáticas, indicios y testimonios ya existentes, solicite mediante los canales legales adecuados, dentro y fuera de nuestro país, que se traiga a Luis Fernando Figari al Perú lo antes posible y se le fijen condiciones restrictivas adecuadas que permitan que afronte todo el proceso de investigación aquí. Lamentablemente, y como lo vengo diciendo hace días en mis entrevistas y en mi cuenta de Twitter (@JEESxorcismo), Figari no tiene intenciones de venir. Es más, para frustración de miles de personas preocupadas por este caso, su abogado ha declarado hoy en una entrevista para el diario El Comercio que buscarán la prescripción de los casos. Un asco del cual el Sodalicio puede escaparse rápidamente si, ahora sí, expulsa a Figari por tomar esa actitud.

Finalmente, debo manifestar que me causa un dolor profundo el accionar del Sodalicio, la Iglesia y de quienes se aprovechan del dolor de las víctimas para hacer noticia u obtener algún beneficio personal. Como víctima de Figari, Doig y muchas otras autoridades y miembros del Sodalicio, lo que menos espero es respeto a ese dolor, no que se busque manipularlo para obtener beneficios de ninguna índole.

domingo, 25 de octubre de 2015

Carta al Sodalicio del primer mentiroso y loco

La Virgen Inmaculada Dolorosa del Sodalicio
hoy es una virgen  que llora de verdad
Hoy mi hija de ocho años me abrazó y me dijo: "papi, tú no mientes". Es que leí la entrevista que le hizo Sandra Belaúnde de El Comercio a Sandro Moroni, superior general del Sodalicio, y me preguntó por qué estaba llorando. Traté de que no viera mis lágrimas, pero llegó a mi escritorio cuando aún las estaba secando.

Ya le había contado hace unos días sobre mi lucha, a grandes rasgos. Que unas personas malas de un grupo llamado Sodalicio me habían hecho daño cuando era joven, que también le hicieron daño a muchas otras personas, que me iba a ver en la tele hablando de eso y que quería que sepa que su papá estaba luchando desde antes de que ella naciera para que estas cosas no pasen más. Su respuesta, ese día, fue: "yo les voy a dar una patada y un puñete por hacerle eso a mi papito".

Moroni respondió en la entrevista de hoy una pregunta específica que me movió más que otras:

Es que esa es parte de mi historia. Es parte de lo que conté en mis columnas del año 2000, cuando cometí la locura de hacer de conocimiento público por primera vez lo que pasaba dentro de las comunidades del Sodalicio.

No voy a ahondar aquí porque en este mismo blog y en mi Twitter (@JEESxorcismo) pueden encontrar mucho de lo que he estado diciendo en estos quince años.

Solo voy a decir lo que espero del Sodalicio, todo ello en la línea de lo que promete Moroni en la entrevista de hoy:

1. Quiero mi nombre de vuelta. Que el Sodalicio me pida perdón por llamarme mentiroso, loco, resentido, anticristo, traidor, maricón y tantas otras cosas que no solo dijo Luis Fernando Figari. Las esparcieron en internet, en medios y en conversaciones públicas sus superiores, su cúpula, sus seguidores, sus fanáticos. Y quiero que le devuelvan su nombre y reputación a todas las demás personas que se animaron a hablar a raíz de mis denuncias, a las que trataron igual. A las que salen en el libro de Pedro Salinas y Paola Ugaz (a quienes rindo un homenaje especial porque su investigación ha vuelto realidad mis sueños y las de muchos otros abusados) y a los que no salen ahí.
2. Quiero que le pidan perdón a mi hija. Que la miren a los ojos y le digan "tu papá no miente, tu papá siempre dijo la verdad". Ella lo sabe, pero ustedes han hecho que cientos de personas lo propaguen por todas partes y que miles lo crean durante quince años.
3. Quiero que traigan a Luis Fernando Figari al Perú y que él encabece todas las sesiones en las que deba pedirnos perdón. Quiero que él nos mire a los ojos y escuche lo que tenemos que decirle. Y que afronte las investigaciones aquí, no en una comunidad creada para protegerlo en Roma.
4. Quiero que cambien, pero de verdad. Que no vuelvan a hacer las cosas que dijeron que no nos hicieron y ahora aceptan públicamente. Y quiero que todos veamos esos cambios.

Hay muchas otras cosas que quiero, pero todas se desprenden de estas cuatro primeras. Cuando me llamen y me citen para pedirme perdón les diré las demás.

Es poco pedir para el daño que me han hecho. Es poca reparación por lo que han destruido en mi vida desde que los conozco, hace 33 años, y desde que me atreví a salir del silencio hace quince.

Tienen mi número de teléfono. Ojalá no tenga que esperar quince años más para recibir su llamada.

El único consuelo que me queda es que algunas personas me creyeron en el año 2000 y se alejaron del Sodalicio.

martes, 20 de octubre de 2015

Más soldado que monje

Hace quince años, cuando escribí las columnas en las que revelé el abuso físico y psicológico al que éramos sometidos en las comunidades del Sodalicio, esta agrupación que es el núcleo del Movimiento de Vida Cristiana, apadrinada por Juan Pablo II (quien mantuvo una cercana amistad y defendió al lobo disfrazado de cordero Marcial Maciel, el mayor monstruo que la Iglesia católica ha producido en los últimos tiempos), se inició una campaña de demolición en mi contra. Y no la iniciaron los seguidores fanáticos de Luis Fernando Figari, fue el propio Sodalicio el que la orquestó.

Figari bendecido por Juan Pablo II,
el santo que protegió a más de un pederasta

En una conversación de hace unos tres años por correo electrónico con uno de sus líderes más prominentes, él aceptó que tuvieron que atacarme para defender al Sodalicio, que se pusieron de acuerdo para decir que lo que yo había escrito era todo mentira, que hicieron espíritu de cuerpo desde la cúpula. También aceptó que lo que yo conté era cierto, pero que las técnicas que denuncié habían cambiado en los últimos años. Además, dijo que sus hermanos no actuaron cristianamente conmigo y que lo lamentaba muchísimo porque sabía cuánto daño me hicieron.

Pero, cuando le dije que ahora debían hacer algo por las víctimas, que debían pedir perdón con acciones, que crearan una comisión interna que investigue esos casos y se acerque a los afectados para intentar darles paz, empezaron las excusas: hablaré con mis hermanos, están muy ocupados porque ya se vienen las actividades por la Navidad, disculpa que pasen los meses y no pueda concretar ninguna reunión, no han podido ver este tema en sus últimas reuniones, lo siento, disculpa, lo lamento, no me he olvidado.

Y nunca pasó.

Por eso, cuando leí el "perdón" del Sodalicio, no les creí nada. Por eso, cuando dicen en su comunicado que "les ofrecemos nuestra disposición de escucha y ayuda", supe que era solo palabrería para quedar como buenitos una vez más. Porque soy la primera persona que salió a decir que el Sodalicio estaba podrido y solo me destruyeron con mentiras, manchando mi honra, boicoteando esfuerzos laborales y hasta presenciando con crudeza diabólica cómo alguien de su entorno amenazaba la integridad sexual de mi hija de cinco años sin mover un dedo para identificar a esa persona.

Desde que denuncié a Figari en mis primeros artículos, en el año 2000, le dije que lo retaba a debatir públicamente, donde él quisiera, en la televisión si quería, pero nunca dio la cara. Todo era por lo bajo, demoliendo los cimientos sobre los cuales intentaba construir mi vida profesional, laboral, académica y mi reputación.

Quince años en los que perdí mucho, pero en los que gané la confianza de que estaba haciendo lo correcto y en los que sabía que menos jóvenes serían captados por ellos y menos familias serían destruidas.

Pasaron los años y el Sodalicio ha tenido que aceptar públicamente las conductas patológicas de Germán Doig, quien fue mi director espiritual cuando creía en ellos.

La estampa con la que veneraban al fallecido pederasta Germán Doig

Ayer, en su comunicado, han aceptado también la enfermedad de su fundador, Luis Fernando Figari. Pero también han aceptado que lo están protegiendo, que está en retiro de oración en una comunidad suya en Roma.

Luis Fernando Figari, acusado de ser un predador sexual de menores por tres personas por lo menos, y de ser un abusador físico y psicológico por treinta por lo menos, cuyos testimonios aparecen en el libro Mitad monjes, mitad soldados, de Pedro Salinas, no debe quedarse más en Roma, protegido por el Sodalicio. Figari debe ser traído al Perú por la justicia para enfrentar las decenas de acusaciones en su contra.

Tengo quince años pidiendo eso a las autoridades peruanas. Y nadie se atreve a hacerlo. Porque es la Iglesia católica, porque a ella nadie la toca, porque qué miedo, porque Figari tiene vínculos en las más altas esferas del poder político y empresarial, porque no tienen cojones, porque a sus hijos no los quemó ni les pegó ni los traumó ni los manoseó ni los violó, porque Cipriani lo protege, porque en este país no hay justicia, porque no, porque simplemente no les da la gana, porque ya pasará el roche.

Figari, monstruo, estás cercado. Tal vez no por las mariconas autoridades peruanas (por el momento), pero sí por tu conciencia (si la tienes), por la historia que te ha descubierto, por tus propios actos que nadie olvidará. Y por nosotros, que seguiremos en la lucha, haciendo todo lo posible para que vengas al Perú, para que la justicia humana te haga pagar el daño hecho. Porque, eso sí, sin ser mitad monje pero sí habiendo sido un soldado muy herido pero constante, te puedo decir que la justicia divina, esa que usaste como escudo y espada para hacer tus maldades, ya te ha condenado.

Por primera vez juntos, les dejo aquí los artículos que empezaron esta historia en el año 2000:


lunes, 22 de agosto de 2011

Denuncian a fundador del Sodalicio de Vida Cristiana por abuso sexual

Una nueva denuncia amenaza con remecer los cimientos más sólidos del Sodalicio de Vida Cristiana, una de las comunidades más influyentes y extendidas de la Iglesia Católica en Latinoamérica. Y es que al escándalo generado por las graves acusaciones sobre la “doble vida” del Vicario General de dicha comunidad, Germán Doig, reveladas por diario16 en febrero pasado, se suma ahora una denuncia por abuso sexual contra el propio fundador de la comunidad sodálite, Luis Fernando Figari.


Cabe recordar que Luis Fernando Figari Rodrigo renunció inesperadamente en diciembre pasado al cargo de Superior General del Soladitium Christianae Vitae (SCV) y de las demás instituciones que forman parte de la sociedad, por “motivos de salud”.

En esa ocasión, también trascendió que el verdadero motivo de su renuncia fueron las denuncias contra el desaparecido Germán Doig, quien fuera su mano derecha. El Sodalicio se vio obligado a reconocer mediante un comunicado la ‘inconducta sexual’ del candidato a santo.

GRAVE ACUSACIÓN

Sin embargo, la renuncia de Figari y su alejamiento físico –mas no espiritual- del movimiento se habría debido a nuevas denuncias, pero esta vez en su contra. diario16 tuvo acceso a parte de la denuncia presentada hace pocos meses ante la Arquidiócesis de Lima por un antiguo ex miembro de la “familia sodalite”, en contra de Luis Fernando Figari por “abusos sexuales graves” y haberle causado “maltratos físicos, psicológicos y espirituales”.

La víctima, cuya identidad se mantendrá en reserva por obvias razones, sufrió de abusos hace aproximadamente 30 años, cuando apenas era un adolescente de 16 años, vulnerable y con serios cuestionamientos sobre su orientación sexual.

Precisamente por ello acudió a Luis Fernando Figari, a quien le confesó que era homosexual. Lo que sucedió tras esa confesión, revela las escabrosas y oscuras prácticas realizadas al interior de la referida institución religiosa.

De acuerdo con la denuncia, en una ocasión, tras negarle enfáticamente que fuera homosexual, Figari le preguntó repetidamente cuál era ‘su tipo de hombre’ y para que se lo explicara más claramente le mostró revistas pornográficas, que un joven como él nunca había visto y que lo incomodó sobremanera. Pese a esto, Figari lo admitió en el Sodalicio, “convirtiéndose oficialmente en mi director espiritual”.

El hecho más dramático ocurrió –según consta en la acusacióncuando Figari lo obligó a sentarse sobre un palo que él sostenía fuertemente. “Abatido y humillado, fui forzado a mirar al crucifijo y pensar sobre mis pecados”, refiere la víctima sobre el episodio que marcó su vida y que no fue capaz de revelar ni de denunciar durante casi tres décadas.

PROCESO CANÓNICO

Este diario intentó comunicarse con el Vicario Judicial y Presidente del Tribunal de la Arquidiócesis de Lima, padre Víctor Huapaya Quispe, quien conoce plenamente la denuncia, pero fue imposible. Sin embargo, fuentes del Arzobispado aseguraron que no hay ningún proceso abierto relativo al tema, aunque no descartaron que la denuncia estuviera en una instancia inferior, antes de ser elevada al Tribunal Eclesial.


Cabe señalar que, de acuerdo con los procedimientos del derecho canónico, las denuncias y los procesos son reservados y no se hacen públicos hasta que se emita una sentencia. Fuentes confiables refieren que la denuncia ha sido remitida al Vaticano, para que luego de una rigurosa evaluación se autorice el inicio de un proceso canónico.

SODALICIO EVITA PRONUNCIARSE

Luego de intentar contactar a las altas autoridades del SVC, se comunicó con nosotros el Jefe de Comunicaciones de la Región Perú, Andrés Tapia, a quien le pedimos una reunión para contarle los detalles de la denuncia. Respondió que “evaluaría” esa posibilidad y se comunicaría con nosotros. Efectivamente, al día siguiente se comunicó y nos dijo que, después de “evaluar el tema” con abogados eclesiásticos y civiles, no se pronunciarían al respecto. “No podemos pronunciarnos ni declarar nada sobre algo que no hemos sido notificados y que tiene un carácter reservado”, señaló.

Replicamos que si no habían sido notificados, su pronunciamiento no tendría una implicancia legal, sino que se trataba de una consulta periodística. Sin embargo, Tapia consideró que la vía para hacer llegar una denuncia no es la prensa sino “el canal competente”, es decir el Arzobispado. “Estaríamos interfiriendo con el canal que se ha optado, en este caso el Arzobispado de Lima”, y reiteró que no habría ningún pronunciamiento.

Fuente: Diario16

También en La República, Peru.com, Los Andes, Crónica Viva

Para entender mejor la historia, mis artículos sobre el Sodalicio:

Luces sobre el escándalo en el Sodalicio
El Sodalicio de verdad (parte 1)
El Sodalicio de verdad (parte 2)
El Sodalicio de verdad (parte 3)
Figari: que el Dios de los cristianos te perdone

Y este video, que es un reportaje de Dánae Rivadeneyra publicado en lamula.pe



sábado, 25 de junio de 2011

El Sodalicio tras Susana Villarán

Hoy Diario16 informa que un "portal religioso arremete contra alcaldesa de Lima". La nota publicada en el portal católico ACI Prensa empieza así: "La alcaldesa de Lima (Perú), Susana Villarán, a través del regidor Manuel Cárdenas está preparando una ordenanza para que en los establecimientos públicos se coloque obligatoriamente un cartel indicando que en esta capital se promueve la "igualdad por identidad de género y orientación sexual", imponiendo así la ideología gay" (las negritas son de ellos).

¿Qué es ACI Prensa?

Alejandro Bermúdez Rossel,
director de ACI Prensa y miembro del Sodalicio.
Alejandro Bermúdez Rosell es el director de esta poderosa maquinaria mediática católica que pretende mantenerse al margen de cualquier sector de la Iglesia con la finalidad de que no se identifiquen sus raíces ultraconservadoras. 

Bermúdez es un connotado y antiguo miembro del Sodalicio de Vida Cristiana (SCV), la misma organización religiosa que hace poco tuvo que enfrentar a la opinión pública al cancelarse la causa de beatificación de su número dos, Germán Doig Klinge, fallecido hace diez años, debido a que fuera acusado al menos por tres personas "de inconductas sexuales reñidas con su condición de cristiano y de laico consagrado del Sodalicio".

Germán Doig fue director de la editorial "Vida y Espiritualidad" (VE), del SCV, desde la cual coordinaba con Alejandro Bermúdez para promover todas las noticias relacionadas con el movimiento fundado por Luis Fernando Figari, quien renunció de manera sospechosa a su cargo poco antes del escándalo Doig. Todas las menciones a Doig en los sitios web del Sodalicio han sido removidas, incluido el portal de VE.

Cuando publiqué mis comentarios sobre el escándalo Doig en este blog, aparecieron amenazas en contra de la integridad física y sexual de mi hija, las cuales denuncié ante la Policía Nacional y se encuentran en investigación. Simultáneamente, un usuario de Twitter que también ha sido comprendido en dicha investigación inició una campaña de desprestigio en mi contra. Al investigarlo, descubrí que trabaja como redactor en ACI Prensa. Sabiéndose descubierto, quiso defenderse aduciendo que lo hacía a título personal y que ACI no tenía nada que ver con el Sodalicio. Para rebatir su endeble defensa, presenté esta noticia de la propia ACI en su versión en inglés, la cual demuestra que Alejandro Bermúdez, director de ACI Prensa, es un reconocido miembro del SCV. A partir de ese momento, los ataques en mi contra cesaron y el silencio se mantiene hasta hoy.

El "experto" consultado

Paul Marx, sacerdote fundador del
Population Research Institute.
La nota de ACI que condena la ordenanza que se estaría preparando en la Municipalidad Metropolitana de Lima dice, además, que "el director de la Oficina para América Latina del Population Research Institute (PRI), Carlos Polo, señaló a ACI Prensa que lo más preocupante de esta ordenanza es que todos hablan de los cartelitos nada más, pero la ordenanza implicaría los contenidos de enseñanza en los colegios que dependen de la municipalidad". 

ACI intenta, con ello, presentar una opinión objetiva sobre el controvertido tema que vaya más allá de las enseñanzas eclesiales. Lo que no dicen es que el Population Research Institute es una organización católica fundada en 1989 por el sacerdote Paul Marx

A pesar de tener una ideología abiertamente católica, el PRI afirma que su primer objetivo es "ofrecer una visión objetiva sobre la realidad demográfica mundial y disipar el mito de la sobrepoblación".

Cipriani y el Sodalicio

Cipriani y Eguren.
A pesar de que inicialmente existiera una rivalidad entre el Opus Dei, prelatura a la que pertenece el arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, y el Sodalicio; finalmente, y haciendo caso a la famosa frase "si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él", Cipriani tuvo que pactar con el SCV. Tanto así que durante varios años el brazo derecho del cardenal fue nada más y nada menos que el hoy arzobispo de Piura José Antonio Eguren, miembro fundador del Sodalicio que ocupó, entre otros cargos de altísima responsabilidad en la Iglesia peruana, el de obispo auxiliar de Lima desde febrero del 2002.

Estas son las personas que están detrás de los ataques a la alcaldesa de Lima y los derechos de los ciudadanos GLTB.

jueves, 10 de febrero de 2011

Los pecados mortales del Sodalicio

Video de Dánae Rivadeneyra (@danaery) publicado en lamula.pe

El mundo ético y moral del Sodalicio acaba de ponerse en entredicho después de que El Vaticano rechazara a German Doig – Vicario del Sodalicio- del proceso de beatificación que llevaba al descubrirle casos de “conducta sexual impropia”.
Este hecho dio pie para que se recordara, una vez más, diversas acusaciones que se hicieron contra el Sodalitium Vitae Cristianae hace más de 10 años. Estas acusaciones hacen referencia a los procesos de entrenamiento, tortura física, psicológica, y riesgo sexual al que están expuestos los integrantes de este grupo.
Conversamos con Jose Enrique Escardó (@JEESxorcismo) y con Pedro Salinas, ambos ex sodálites, quienes cuentan sus testimonios a la vez que hacen importantes revelaciones y, con Martín Jaime, antropólogo especializado en estudios religiosos y grupos cerrados.

lunes, 7 de febrero de 2011

Figari: que el Dios de los cristianos te perdone

Espada flamígera, símbolo del
Sodalitium Christianae Vitae
Hace diez años tomé una de las decisiones más difíciles de mi vida cuando, sin nada que ganar y mucho que perder, decidí contar lo que vi y viví, trece años antes, en una comunidad católica a la que había pertenecido, el Sodalitium Christianae Vitae (SCV). Escribí solo seis artículos y no me fue posible continuar porque las presiones sobre el medio que cobijó mis confesiones fueron insoportables. 

Jamás temí las amenazas contra mi integridad, tampoco me inmuté con los insultos. Jamás doblé mis rodillas por las asquerosas mentiras que inventaban en los restaurantes donde se reunían con expertos en control de daños y que sembraban en foros de Internet. Lo único que pudo frenarme fue el huracán de presiones que estaba llevando a que los empleados y periodistas de ese medio terminaran en la calle. Y así lo conté en mi último artículo aquella vez, a pesar de que, en un almuerzo en el restaurante Costa Verde, un empresario y periodista vinculado a los sectores más poderosos de la iglesia católica me invitó a que cerrara mis artículos con un acto de contrición en el que yo "debía" mencionar que se me había aparecido la Virgen María "o algo así".

Diez años después, cuando Diario16 decidió revelar a la opinión pública que ese mismo grupo había recogido denuncias ciertas y comprobadas de por lo menos tres casos de abuso sexual por parte de Germán Doig, su número 2, fallecido en el 2001 y en proceso de ser declarado beato y luego santo por el Vaticano, tomé la (otra vez muy difícil) decisión de volver a publicar mis artículos para revelar lo que yo vi a quienes aún no conocían la verdadera naturaleza de los líderes del SCV. No de todos sus miembros, ni siquiera de la mayoría (que seguramente son jóvenes de corazón sincero que, en su ingenuidad, eligieron un mal camino), sino de su cúpula, la que toma las decisiones, la que fabrica lo que se le dice a los demás miembros, la que enseña lo que los demás aprenden a enseñar.

Y, otra vez, llovieron las amenazas, los insultos, las mentiras, las presiones, las manipulaciones, los emisarios. Estos autoproclamados "soldados de Cristo" salen hoy, como en el medioevo, blandiendo cruces y espadas, a acusar de brujos, demonios y locos a quienes decimos la verdad. Otra vez quienes se atreven a decir que existía más de un sistema solar debían ser arrastrados a la plaza pública y quemados en la hoguera.

La revista Caretas publicó, el viernes, un artículo bastante centrado sobre Doig, el Sodalitium y los abusos. Por esos días, otros tres medios más me entrevistaron para tratar el tema este fin de semana que pasó. Lamentablemente, los tres medios se han visto obligados a detener sus reportajes. Y la respuesta es la misma: si no aparecen más testimonios que los míos y los del periodista Pedro Salinas, no saldrá nada. En por lo menos uno de esos casos, el Sodalitium ha puesto como condición para dar su versión que no se nos incluya ni a Pedro ni a mí en los informes. Porque, dicen, yo estoy loco y Pedro solo contó ficción en su novela "Mateo Diez". Patrañas alejadas de todo principio cristiano. Quienes han hablado antes ya no quieren hacerlo nuevamente. Están asustados por todo lo que pasó cuando lo hicieron la primera vez.

Ante esto, y cansado de luchar contra tanta hipocresía sin que una sola autoridad se atreva a abrir una investigación sobre el caso, he tomado la decisión de no volver a hablar del Sodalitium ni en este blog ni en ningún medio de comunicación. Pero, como soy un caballero y creo en la fuerza de la verdad, no me voy sin antes lanzar un reto formal y frontal. Un reto por respeto a los afectados:

Señor Luis Fernando Figari, fundador del Sodalitium Christianae Vitae, lo reto a sentarse en un set de televisión en vivo y responder a mis preguntas. La única condición es que a ambos nos pongan un polígrafo y que no se edite de ninguna manera nuestra conversación. 

Este es un reto para usted, no para sus voceros que lo ocultan y protegen. Porque fue usted quien reclutó al abusador Germán Doig en el colegio Santa María cuando él tenía solo 16 años y le enseñó todo lo que sabía y hacía. Porque usted construyó las bases del grupo que quiso doblegar mi voluntad y que no lo consiguió. Porque usted nombró a los superiores de las comunidades donde yo estuve y que son responsables de los abusos físicos y psicológicos que he narrado (y tantos otros que aún guardo para mí) y que quedarán en mi mente por el resto de mis días. Porque usted fue quien organizó la estructura de esta organización "religiosa" que destruye a quienes intentan decir la verdad sobre ustedes. Porque usted, señor Figari, es el único responsable de la salud mental y emocional de miles de jóvenes que han pasado, se han ido o se han quedado en el Sodalitium. Porque usted, Luis Fernando, ha sido y siempre será el Sodalitium Christianae Vitae.

Si usted es venerado como un santo viviente, un hombre de Dios y un ejemplo de vida, como hasta hace poco veneraban a su discípulo abusador sexual Germán Doig, entonces no tema, salga de su ermita y dé la cara. Míreme usted a los ojos conectado a un detector de mentiras y responda mis preguntas. No me mande a Len, no me mande a Baertl, tampoco me mande a Scheuch.

Hasta que no lo haga, me comprometo a no decir nada más sobre su grupo, porque no se merecen un vatio más de mi energía. Si acepta este reto, sus seguidores y detractores sabrán finalmente quién miente y ahí se acabará para siempre esta molesta controversia. Usted gana. Si no lo hace, entonces también sabrán quién miente. Usted pierde. Como quiera verlo. En cualquier caso, yo lo veo como una victoria de la verdad. La misma verdad que usted dice defender desde la cruz y que yo defiendo con la pluma.

Muchas gracias a quienes me siguieron estos diez años en mis denuncias y a quienes se enteraron recién esta última semana al estallar el escándalo de los abusos sexuales en el Sodalitium. Su apoyo es algo que siempre valoraré y que sana muchas de mis heridas y las de quienes no han querido hablar por temor o porque solo quieren olvidar. Ustedes creyeron y lograron que otros creyeran. 

Y a quienes me atacaron, ya sean del Sodalitium, del MVC o de cualquier otro sector de la iglesia católica: que el Dios de los cristianos, de los verdaderos cristianos, de los que no mienten, los perdone. Figari, su cúpula y sus defensores quedan de ahora en adelante expuestos antes sus propias conciencias o a lo que ellos llaman el Espíritu Santo. Si creen en su cielo, saben lo que tienen que hacer para entrar en él.

Luis Fernando: tienes la oportunidad de que tu grupo quede bien parado demostrando que miento. Hazlo, si yo miento, no pierdes nada. Tú me dijiste hace veintidós años que era un maricón por querer irme del Sodalitium, me lo dijiste en el Centro Pastoral de San Borja, luego de dar mi examen de Probando, debajo de la copa del árbol frente a la puerta del salón, antes de que me dieran mi nota. Ahora demuestra que tú no lo eres y no te escapes como siempre lo has hecho. 

Pero, si no aceptas, solo me queda desearte que te vaya bien en tu reencuentro con tu discípulo Germán Doig, allá en ese infierno con el que ambos han asustado a miles de chicos que solo querían ser felices y de quienes ustedes se han aprovechado.

Todo lo que tengo que decir está dicho.

viernes, 4 de febrero de 2011

El Sodalicio de verdad (parte 3)

Oración por la beatificación del abusador Germán Doig.
Ayer descubrí que un tuitero me atacaba e insultaba desde que publiqué mi primer post sobre el Sodalicio (SCV). Cuando me enteré, por otro tuitero que me incluyó en una respuesta a él, noté que lo tenía bloqueado hacía mucho tiempo. No recuerdo el motivo, pero luego me di cuenta. En su bio encontré un enlace que me llevaba a sus demás cuentas, y en su perfil de LinkedIn descubrí algo interesante: el susodicho, cuyo nombre no diré para no darle publicidad, manifiesta que trabaja actualmente como redactor en ACI Prensa, la agencia católica de noticias más grande del mundo hispano. 

Recuerdo bien a ACI Prensa de mis días en el Sodalicio. Su director es un conocido laico consagrado sodálite llamado Alejandro Bermúdez. Cuando confronté a su empleado, intentó, con artilugios poco inteligentes y fáciles de desenmascarar, desvincular a ACI Prensa del Sodalicio. Todos los que pasamos por el SCV sabemos bien quiénes están detrás de la ACI y qué buscan. Es la maquinaria mediática sodálite que busca manejar la información dentro de la Iglesia, ya que, como todos sabemos, quien maneja la información tiene el poder. Han tratado de esconder al SCV por todas partes para no generar resistencia, pero su propia web en inglés delata sus raíces. En este enlace pueden ver que Bermúdez, a quien conozco personalmente y sé perfectamente que pertenece al Sodalicio, es miembro de esta "familia". Y sí, uno de sus redactores era mi principal atacante en Twitter. 

Esta información será entregada a la Policía Nacional, que tendrá que definir si los comentarios anónimos insultantes con los que bombardearon este blog y las amenazas que publicaron en contra de mi hija provienen de las mismas personas. Desde que mostré las pruebas del vínculo entre ese poco cristiano redactor de ACI Prensa y el Sodalicio, los ataques pararon.

Un allegado al Sodalicio me dijo en Twitter que no estaba de acuerdo con esos ataques y que este individuo actuaba a título personal. Parece que la estrategia utilizada por el SCV en el caso del pedófilo Daniel Murguía (¿dónde está ahora que ya salió libre?) y en el de la 'doble vida' de su ex casi santo, Germán Doig, aquella de mandar al matadero al tumor para salvar a la institución, sigue funcionando.

Hay quienes han escrito en mi blog que el Sodalicio ha cambiado, que ya no suceden las cosas que yo cuento en mis columnas, que se han humanizado, etc. Si así es, ¿por qué en lugar de enfrentar estas acusaciones con secretismo, escondiendo a Figari de la prensa y demás artes mágicas de desaparición, no muestran al público lo que hacen en sus comunidades? ¿Por qué no responden de manera más abierta, por qué no buscan a quienes contamos lo que vimos y nos enseñan que realmente han cambiado? No, lo que hacen es ningunear a todos los que contamos nuestras experiencias, encerrarse, esconder de la prensa a los chicos que viven ahí cuando ven una cámara, llevándoselos en camionetas a otros locales hasta que pase la "amenaza".

Hoy se ha sumado la revista Caretas a las revelaciones relacionadas con el cataclismo que se ha producido en las entrañas del Sodalicio al tener que detener el proceso de beatificación de su número 2, el hijo predilecto de Luis Fernando, el delfín del fundador, el "Apóstol de la Nueva Evangelización", Germán Doig, quien ha pasado de ser un ícono de la vida santa a un Judas leproso que abusó sexualmente de por lo menos tres jóvenes mientras fue Vicario General del Sodalitium Christianae Vitae.

Expreso mi profunda solidaridad con todas las personas que fueron abusadas sexualmente por Germán Doig, las que han declarado y las que no se han atrevido a hacerlo por temor o porque quieren dejar el pasado atrás. Quiero expresar el terrible dolor que me produce pensar en qué sentirán los chicos de 11 años que fueron abusados por el pederasta Daniel Murguía, quien ahora está libre. 

Quiero expresar mi preocupación inmensa por el corazón limpio y sincero de cientos de jóvenes que, engañados como me engañaron a mí, dejaron sus casas porque querían ser mejores, y ahora están en las garras de personas que los manipulan y les enseñan a manipular a otros jóvenes y niños que se acercan al Sodalicio creyendo en que ellos los volverán santos. 

Y a las familias de los afectados, mi mayor cariño y comprensión. Aquí estoy si necesitan hablar con alguien, como lo he hecho antes con quienes me han buscado y han llorado porque no saben qué hacer. Si Dios existe, no lo duden, no está en el corazón de manipuladores que los sacan de sus casas y esclavizan sus mentes con cantos inspirados en el fascismo y arengas que los convierten en robots con las mismas barbas ralas, las mismas camisas celestes, los mismos pantalones de tela, las mismas crucecitas doradas en la solapa, las mismas biblias de Jerusalén con cubiertas de cuero, las mismas estatuas de la Virgen Inmaculada Dolorosa, los mismos apretones de manos, las mismas miradas fijas a los ojos, los mismos zapatos Florsheim y las mismas sandalias "pescadoras" hechas a mano en San Bartolo.

Publico esta vez mi cuarto artículo escrito en el 2000. Los anteriores los pueden encontrar en este mismo blog. Difúndanlos y denles, con ellos, esperanzas a quienes creen que este monstruo no se puede vencer. Salgan y denuncien lo que saben, lo que han visto, lo que les han hecho. Hay una vida después del Sodalicio, no teman.

TERCER ARTÍCULO:

LOS ABUSOS DE LOS CURAS (Parte 3)

Publicado originalmente el 15.11.2000

Vengo contando cosas que, probablemente, estén pasando incluso hoy mismo, mientras estás leyendo estas líneas. A lo mejor a tus hijos, hermanos o primos. No estoy jugando, no estoy pasando el tiempo, no estoy haciendo catarsis, estoy arriesgando mi seguridad, mi propia vida, para contarle a todo el que “tenga oídos para oír” algo que nadie nunca se ha atrevido a contar: la verdad de lo que pasa tras las paredes de una comunidad católica moderna y aceptada por Juan Pablo II, Cipriani, el Estado peruano y gran parte de la sociedad.

¿No tienes acaso tú mismo una historia personal o de un familiar para contar? ¿No hay alguna autoridad o congresista valiente que solicite una investigación después de leer lo que estoy escribiendo? Nadie se mete con ellos porque no es “popular” hacerlo. Pero, yo seguiré aquí, llamando las cosas por su nombre, lanzando dardos de verdad para que los valientes se pongan de pie junto a mí y la sociedad se deje de hacer la que no oye cuando hay que enfrentar cosas tan importantes como esta. Si esto te parece secundario, entonces revisa tu escala de valores y te darás cuenta de cómo te han engañado con sus poses y su falsa moral esos curas que solo están interesados en sacarte plata y en tenerte atrapado con sus dogmas para ellos vivir cómodos con las donaciones y los sueldos que les pagamos incluso quienes no tenemos nada que ver con ellos ni nos interesa ser parte de su farsa.

El cura José Antonio Eguren, a quien ya mencioné en la primera parte de “Los abusos de los curas” y a quien toda la curia peruana conoce muy bien por los importantes cargos que ocupó en la Conferencia Episcopal [y ahora como obispo auxiliar de Lima], es un padrecito de apariencia bonachona y de gran habilidad oratoria.

Eguren, sodálite por supuesto, era invitado a veces a la casa de la Av. Brasil donde vivíamos los aspirantes a curas. Una vez, en un desayuno, le tocó sentarse a mi costado. En esa oportunidad, y no me acuerdo por qué, me habían castigado con un ayuno de lechuga y agua por una semana. Pero, eso no quería decir que no me sentara a la mesa con ellos a ver todo lo que comían en mi cara. Y, con la personalidad cruelmente juguetona que lo caracterizaba, al bonachon hoy monseñor Eguren se le ocurrió una forma muy noble y cristiana de acercarme a su dios.

Se sirvió un delicioso pan con mantequilla y mermelada y, justo cuando se lo iba a meter a la boca, se dio cuenta de que mi ayuno me había llevado a echarle un ojo. Así que, justo antes de meterlo en su boca, el cura me miró de reojo y me preguntó, con esa sonrisa que siempre recordaremos quienes lo hemos conocido: “¿te gustaría comerte este pan?”. Yo lo miré desconcertado, ya que no sabía qué era lo que debía contestarle. El cura me lo fue acercando y retirando de la boca, provocándome: “¿Quieres? Mmm, qué rico, ¿no?”. Yo, con casi una semana de haber estado alimentándome de agua y lechuga, sufría ante la visión de ese delicioso pan que, en ese momento, se convirtió en lo único que esperaba de la vida. Al final, luego de casi dos minutos de jugar conmigo, el cura, al que apodamos “el cura gordo”, se metió el pan con mermelada a la boca y se lo comió todo, mientras decía “¡qué rico, mmm!”, con un especial gusto y una mueca de “piña loco, te pelaste, sigue ayunando nomás”. 

Esto, que parece solo una broma juvenil pero que es parte de toda una estrategia bien estudiada de privaciones y torturas físicas y psicológicas destinadas a doblegar y someter la voluntad del aspirante, lo hizo un respetable miembro de la iglesia peruana que fue elegido para servir personalmente al Papa Juan Pablo II en su segunda visita a nuestro país.

Este curita [hoy obispo que gana sueldo del Estado], que seguro es el que te casó o bautizó a tu hijo, disfrutaba torturando psicológicamente a adolescentes. No es la única historia y él no es el único que actuaba así. El propio Luis Fernando Figari, jefe de Eguren, me obligó una vez a esconderme detrás de la puerta de la cocina de su casa en Santa Clara y esperar a que uno de sus estudiantes, que vivía en la misma comunidad con él, saliera de la cocina con el almuerzo. Y no para jugar a "bú" y reír todos con la travesura. La instrucción fue: "Dale el puñete más fuerte que puedas en la boca del estómago cuando salga de la cocina". Si lo ordenaba el gran Luis Fernando, el fundador, el santo viviente, el paradigma de católico moderno, el amigo del Papa, el maestro y guía de mi director espiritual Germán Doig, había que hacerlo, sino te largabas del Sodalicio.

En las siguientes columnas podrán leer muchas otras historias de la vida real. Por ejemplo, cuando uno de los chicos que se escapó de ahí -unos meses antes que yo- y todos nos reunimos para que el superior de nuestra comunidad nos dijera que “ya ni siquiera vale la pena rezar por él porque se ha perdido en el infierno”. También sabrán, con lujo de detalles y nombres de los involucrados, cómo es que me pincharon varias veces seguidas con una cuchilla suiza en el cuerpo, cómo me obligaron a bañarme en el mar helado en la madrugada a pesar de sufrir de una terrible migraña, cómo me escondían en el baño cuando venía a verme mi mamá, cómo Luis Fernando Figari nos gritaba que debíamos estar dispuestos a estrellar nuestras cabezas contra las paredes si él no los pedía.

Si no leyeron mis posts anteriores, pueden hacerlo en http://bit.ly/sodalicio, http://bit.ly/sodalicio2 y http://bit.ly/sodalicio3. El lunes publico la quinta parte.
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